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lunes, 20 de enero de 2020

¿Qué sabiduría y omnipotencia de Dios se revela en Su uso del servicio del gobierno del PCCh y del mundo religioso? (1)

Palabras relevantes de Dios:
Todo Mi plan de gestión, el cual se extiende por seis mil años, consta de tres etapas, o de tres eras: la Era de la Ley al comienzo, la Era de la Gracia (que es también la Era de la Redención) y, finalmente, la Era del Reino. Mi obra en estas tres eras difiere según la naturaleza de cada era, pero en cada etapa se ajusta a las necesidades del hombre, o para ser más precisos, se hace en función de los trucos empleados por Satanás en Mi guerra contra él. El objetivo de Mi obra es derrotar a Satanás, para manifestar Mi sabiduría y Mi omnipotencia, develar todos los trucos de Satanás y, por ende, salvar a toda la humanidad que vive bajo su campo de acción. Tiene el objeto de mostrar Mi sabiduría y Mi omnipotencia, mientras que al mismo tiempo revele lo horrendo de Satanás. Aún más, está orientado a enseñar a Mis creaciones a discriminar entre el bien y el mal, a reconocer que Yo soy el Gobernador de todas las cosas, para que se vea claramente que Satanás es el enemigo de la humanidad, el más bajo de lo bajo, el maligno, y para aclarar la diferencia entre el bien y el mal, la verdad y la falsedad, la santidad y la suciedad, la grandeza y la bajeza; que todo quede tan claro como el día. De esta manera, la humanidad ignorante puede dar testimonio de Mí, de que no soy Yo quien corrompe a la humanidad, y que sólo Yo, el Creador puede salvar a la humanidad, y que puede conceder a las personas cosas para el disfrute; y que ellas lleguen a saber que Yo soy el Gobernador de todas las cosas, y que Satanás no es más que una de Mis creaciones, que posteriormente se volvió contra Mí.
de ‘La verdad interna sobre la obra en la Era de la Redención’ en “La Palabra manifestada en carne”

miércoles, 16 de enero de 2019

131-A6Comunicación y predicación sobre la palabra de Dios “Los Verdaderamente Obedientes Seguramente Serán Ganados por Dios”


“Los Verdaderamente Obedientes Seguramente Serán Ganados por Dios”. ¡Aquí “verdaderamente” es muy importante! Entonces, ¿qué significa cuando dices que no es verdadero? El ser no verdadero, es tener un objetivo diferente o una intención diferente deliberadamente. Por ejemplo, algunas personas se entregan a Dios con el fin de obtener un laurel o para obtener recompensas; algunas personas se entregan a Dios esperando labrarse un estatus, convertirse en una persona notable o satisfacer sus propios deseos; y algunas personas se entregan a Dios porque simplemente quieren la vida eterna y evitar una catástrofe. Con esa clase de intenciones, ¿están siendo las personas realmente obedientes a Dios? Está muy mal que la gente tenga esa clase de intenciones, porque inevitablemente provocarán el desprecio y la ira de Dios. Entonces, ¿qué debería hacerse? Deberías orar a Dios, abrirle tu corazón, permitir a Dios que te mire con buenos ojos, aceptar el juicio y el castigo de Dios, y permitirte ser limpiado. Esto es correcto. Las falsas intenciones impiden a las personas obedecer a Dios. Fíjate en algunas personas: cuando Dios las juzga y las castiga diciendo que son arrogantes y engreídas y que son de la misma clase que Satanás, responden: “¿De la misma clase que Satanás? ¡Yo no!”. Es demasiada molestia, no lo aceptarán. Si alguien descubre que las palabras del juicio de Dios no se ajustan completamente a sus concepciones, las rechaza, no las acepta, las discute o se las achaca a otra persona. No se culpa a sí misma. ¿Es esa persona verdaderamente obediente a Dios? Algunas personas se entregan a Dios y cumplen con su deber, pero no puedes tratar con ellas porque tan pronto como lo hagas, se resistirán y te rechazarán con firmeza. Si no las tratas, obrarán en la obscuridad, enterrándose en su trabajo y emprendiendo sus tareas a pesar de cualquier dificultad. Si las tratas, se convertirán de inmediato en figuras diabólicas llenas de furia. ¿Son esas personas que están siendo verdaderamente obedientes a Dios? Las personas que son verdaderamente obedientes a Dios se dejan matar por Dios, como corderos. Decida como decida tratarlas Dios, siempre serán obedientes y no hablarán de sus motivos. Cuando una persona sea capaz de no hablar de sus razones, cuando sea capaz de someterse a lo que sea que Dios le exija o le haga, entonces se habrá convertido en alguien obediente a Dios.

martes, 20 de noviembre de 2018

La palabra de Dios | ¿Sabes? Dios ha hecho algo grande entre los hombres


Iglesia de Dios Todopoderoso,Dios Todopoderoso,Relámpago Oriental

La palabra de Dios | ¿Sabes? Dios ha hecho algo grande entre los hombres

La vieja era ha pasado, y ha llegado la nueva. Año tras año y día tras día, Dios ha realizado mucha obra. Vino al mundo y después partió. Ese ciclo ha continuado a través de muchas generaciones. En este día, como antes, Dios sigue realizando la obra que debe, la que aún tiene que completar, porque todavía tiene que entrar en el reposo. Desde el momento de la creación hasta hoy, Dios ha llevado a cabo mucha obra, ¿pero sabías que la obra que Él lleva a cabo hoy es mucho mayor que antes y a mayor escala? Por esta razón afirmo que Dios ha realizado algo grande entre los hombres. Toda la obra de Dios es muy importante, para el hombre o para Él, porque cada elemento de la misma guarda relación con el hombre.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Los diez decretos administrativos que el pueblo escogido de Dios debe obedecer en la era del reino



La palabra de Dios Todopoderoso Los diez decretos administrativos que el pueblo escogido de Dios debe obedecer en la era del reino
1. El hombre no debería magnificarse ni exaltarse. Debería adorar y exaltar a Dios.
2. Deberías hacer todo lo beneficioso para la obra de Dios, y nada que vaya en detrimento de los intereses de la misma. Deberías defender el nombre, el testimonio y la obra de Dios.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

La palabra de Dios | Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio

Cuando Dios lo estaba castigando, Pedro oró, “¡Oh Dios! Mi carne es desobediente y Tú me castigas y me juzgas. Me gozo en Tu castigo y en Tu juicio, e incluso si no me quieres, en Tu juicio contemplo Tu justo y santo carácter. Cuando me juzgas para que los demás puedan contemplar Tu justo carácter en Tu juicio, me siento contento. Si esto puede manifestar Tu carácter y permitir que Tu justo carácter lo vean todas las criaturas, y si esto puede hacer que mi amor por Ti sea más puro, para que pueda alcanzar la imagen de uno que es justo, entonces Tu juicio es bueno porque así es Tu voluntad misericordiosa. Sé que todavía hay mucha rebeldía en mí y que todavía no soy digno de venir delante de Ti. Quiero que me juzgues aún más, ya sea a través de un ambiente hostil o de grandes tribulaciones; no importa cómo me juzgues, para mí es precioso. Tu amor es tan profundo y estoy dispuesto a ponerme a merced Tuya sin la más mínima queja”. Este es el conocimiento que Pedro tiene después de haber experimentado la obra de Dios, y también es un testimonio de su amor por Dios. En la actualidad, vosotros ya habéis sido conquistados pero, ¿cómo se expresa esta conquista en vosotros? Algunas personas dicen, “Mi conquista es la gracia y la exaltación supremas de Dios. Sólo ahora me doy cuenta que la vida del hombre es hueca y sin sentido. Vivir es tan inútil que preferiría estar muerto. Aunque el hombre pasa su vida corriendo por todas partes, engendrando y criando hijos generación tras generación, al final al hombre no le queda nada. En la actualidad, después de que Dios me conquistó, he visto que no tiene valor vivir de esta manera; realmente es una vida sin sentido. ¡Será mejor morir y terminar con esto!” ¿Puede ganar Dios a las personas que han sido conquistadas? ¿Se pueden convertir en especímenes y modelos? ¡Tales personas son una lección de pasividad; no tienen aspiraciones y no luchan por ser mejores! Aunque cuentan por haber sido conquistadas, tales personas pasivas no pueden ser perfeccionadas. Al final de su vida, después de haber sido perfeccionado, Pedro dijo, “¡Oh Dios! Si viviera unos cuantos años, me gustaría alcanzar un amor más puro y más profundo por Ti”. Cuando estaba a punto de ser clavado en la cruz, en su corazón oró, “¡Oh Dios! Tu tiempo ha llegado ahora; el tiempo que Tú preparaste para mí ha llegado. Debo ser crucificado por Ti, debo dar testimonio de Ti, y espero que mi amor pueda satisfacer Tus exigencias y que se pueda hacer más puro. Para mí hoy, poder morir por Ti y ser clavado en la cruz por Ti, es consolador y reconfortante, porque nada me es más grato que poder ser crucificado por Ti y satisfacer Tus deseos, y poder darme a Ti, poder ofrecerte mi vida. ¡Oh Dios! ¡Eres tan amoroso! Si me permitieras vivir, estaría aún más dispuesto a amarte. Mientras esté vivo, te amaré. Quisiera amarte con mayor profundidad. Me juzgas y me castigas y me pruebas porque no soy justo, porque he pecado. Y Tu justo carácter se me hace más evidente. Esto es una bendición para mí porque puedo amarte con mayor profundidad, y estoy dispuesto a amarte de esta manera incluso si Tú no me amaras. Estoy dispuesto a contemplar Tu justo carácter porque esto me capacita más para vivir una vida que tenga sentido. Siento que mi vida es ahora más significativa porque soy crucificado por Tu causa, y es valioso morir por Ti. Pero todavía no me siento satisfecho porque sé muy poco de Ti, sé que no puedo cumplir por completo Tus deseos y te he retribuido demasiado poco. En mi vida no he sido capaz de regresarte mi todo; estoy lejos de eso. Al mirar hacia atrás en este momento, me siento tan en deuda contigo, y sólo tengo este momento para compensar todos mis errores y todo el amor que no te he retribuido.

sábado, 3 de noviembre de 2018

La palabra de Dios | El misterio de la encarnación (3)

Cuando Dios lleva a cabo Su obra, Él no viene a participar en ninguna construcción o movimiento, sino a cumplir Su ministerio. Cada vez que se hace carne, es sólo para lograr una etapa de la obra e inaugurar una nueva era. Ahora ha llegado la Era del Reino y el entrenamiento para el reino. Esta etapa de la obra no es la obra del hombre, no es para trabajar al hombre hasta cierto punto; es sólo para terminar una porción de la obra de Dios. Lo que Él hace no es obra del hombre, no es para lograr un cierto resultado al trabajar al hombre antes de partir de la tierra; es para cumplir Su ministerio y para terminar la obra que debe hacer, que es hacer los arreglos apropiados para Su obra en la tierra y así ser glorificado. La obra del Dios encarnado es diferente a la de los hombres usados ​​por el Espíritu Santo. Cuando Dios viene a hacer Su obra en la tierra, sólo se preocupa por el cumplimiento de Su ministerio. En cuanto a todos los demás asuntos que no se relacionan con Su ministerio, Él casi no toma parte en ellos, incluso hasta el punto de hacerse de la vista gorda. Él simplemente lleva a cabo la obra que debe hacer y, menos aún, está preocupado por la obra que el hombre debe hacer. La obra que Él hace es únicamente la que pertenece a la era en la que se encuentra y al ministerio que Él debe cumplir, como si todos los demás asuntos estuvieran fuera de Su alcance. Él no se proporciona más conocimiento básico acerca de vivir como un hombre, ni aprende más habilidades sociales, ni se equipa con alguna otra cosa que el hombre entienda. Todo lo que el hombre debe poseer no le concierne en absoluto y Él simplemente lleva a cabo la obra que es Su deber hacer. Y así, como el hombre lo ve, el Dios encarnado es deficiente en tanto que ni siquiera presta atención a muchas de las cosas que el hombre debe tener y, además, no tiene entendimiento de tales asuntos. Cosas como el conocimiento común sobre la vida, así como los principios que rigen la conducta personal y la interacción con otros, parecen no tener ninguna relación con Él. Pero tú simplemente no puedes detectar del Dios encarnado el más mínimo indicio de anormalidad. Es decir, Su humanidad sólo mantiene Su vida como un hombre común y corriente y el razonamiento normal de Su cerebro, que le da la habilidad para discernir entre el bien y el mal. Sin embargo, Él no está provisto con nada más, todo lo cual es lo que los hombres (los seres creados) sólo deben poseer. Dios se hace carne sólo para cumplir Su propio ministerio. Su obra está dirigida a una era completa, no a una persona o lugar en particular, sino a todo el universo. Esta es la dirección de Su obra y el principio por el cual Él obra. Nadie puede alterarla y el hombre no tiene forma de involucrarse en ella. Cada vez que Dios se hace carne, trae consigo la obra de esa era y no tiene la intención de vivir junto al hombre por veinte, treinta, cuarenta ni hasta setenta u ochenta años, con el fin de que lo pueda entender mejor y obtener una profunda percepción de Él. ¡No hay necesidad de eso! Hacerlo así de ninguna manera profundizaría el conocimiento que el hombre tiene del carácter inherente de Dios; en cambio, sólo aumentaría sus nociones y haría que sus nociones y pensamientos se fosilizaran. Por lo que les corresponde a todos vosotros entender exactamente cuál es la obra del Dios encarnado. ¿Seguramente no podéis fallar en haber entendido las palabras que os hablé: “No fue para experimentar la vida de un hombre común y corriente que he venido”? ¿Habéis olvidado las palabras: “Dios no viene a la tierra a vivir la vida de un hombre común y corriente”? No entendéis el propósito de Dios en hacerse carne, ni conocéis el significado de: “¿Cómo podría Dios venir a la tierra con la intención de experimentar la vida de un ser creado?”. Dios viene a la tierra únicamente para terminar Su obra, por lo que Su obra en la tierra es de corta duración. Él no viene a la tierra con la intención de hacer que el Espíritu de Dios cultive Su cuerpo carnal en un hombre superior que guiará la iglesia. Cuando Dios viene a la tierra, es la Palabra volviéndose carne; el hombre, sin embargo, no sabe de Su obra y le atribuye cosas por la fuerza. Pero todos vosotros os debéis dar cuenta de que Dios es la “Palabra hecha carne”, no un cuerpo carnal que ha sido cultivado por el Espíritu de Dios para asumir el papel de Dios por el momento. Dios mismo no es el producto de cultivo, sino que es la Palabra hecha carne y hoy Él oficialmente lleva a cabo Su obra entre todos vosotros. Todos vosotros sabéis y reconocéis que la encarnación de Dios es una verdad fáctica, sin embargo, fingís un entendimiento que está más allá de vuestra capacidad para ejercerla. Desde la obra del Dios encarnado hasta la relevancia y la esencia de Su encarnación, sois incapaces de captar esto en lo más mínimo y sólo seguís a otros en recitar sin pensar palabras de memoria. ¿Crees que el Dios encarnado es como lo imaginas?

sábado, 27 de octubre de 2018

La voluntad de Dios | Obra y entrada (10)


Que la humanidad haya progresado hasta aquí es una situación sin precedente. La obra de Dios y la entrada del hombre avanzan hombro con hombre y, así, la obra de Dios es también una gran ocasión sin paralelo. Hasta la fecha, la entrada del hombre es un prodigio nunca antes imaginado por el hombre. La obra de Dios ha alcanzado su cenit y, posteriormente, la “entrada”[1] del hombre también ha alcanzado su apogeo. Dios se ha rebajado tanto como ha podido, y nunca ha protestado ante la humanidad ni ante todas las cosas del universo. Mientras tanto, el hombre se coloca sobre la cabeza de Dios, y lo oprime hasta lo máximo; todo ha llegado a su máximo nivel, y es hora de que aparezca el día de la justicia. ¿Por qué seguir dejando que la penumbra cubra la tierra, y la oscuridad envuelva a todos los pueblos? Dios ha observado durante varios miles de años —incluso decenas de millares de años—, y hace mucho que Su tolerancia ha llegado a su límite. Ha estado observando cada movimiento de la humanidad, durante cuánto tiempo se desmandaría la injusticia del hombre; a pesar de ello, el hombre, que lleva mucho tiempo ya insensibilizado, no siente nada. ¿Y quién ha observado jamás los hechos de Dios? ¿Quién ha alzado alguna vez sus ojos y ha mirado en la distancia? ¿Quién ha escuchado en algún momento con atención? ¿Quién ha estado jamás en las manos del Todopoderoso? Las personas están todas plagadas de temores imaginarios.[2] ¿Qué uso tiene un montón de heno y paja? Lo único que pueden hacer es torturar al Dios vivo y encarnado hasta la muerte. Aunque no son más que montones de heno y paja, sigue habiendo una cosa que hacen “mejor que nada”: torturar a Dios en carne viva y hasta la muerte, y después gritar que eso “alegra el corazón de las personas”. ¡Qué ejército de gambas y generales cangrejos!* Increíblemente, en medio de un flujo incesante de personas, centran su atención en Dios, lo rodean de un impenetrable bloqueo. Su fervor arde cada vez más,[3] han cercado a Dios en hordas, para que no pueda moverse ni un milímetro. En sus manos, sostienen todo tipo de armas y miran a Dios como si contemplaran a un enemigo, con los ojos llenos de ira; rabian por “descuartizar a Dios”. Qué desconcertante: ¿Por qué se han convertido el hombre y Dios en enemigos tan irreconciliables? ¿Podría ser que hubiera rencor entre el Dios más encantador y el hombre? ¿Podría ser que las acciones de Dios no tengan beneficio alguno para el hombre? ¿Perjudican al hombre? Este fija una mirada inquebrantable en Dios, profundamente temeroso de que traspase el bloqueo del hombre, regrese al tercer cielo y, una vez más, eche al hombre en la mazmorra. El hombre recela de Dios, está en ascuas y se arrastra por el suelo a cierta distancia; sostiene una “ametralladora” apuntando al Dios en medio del hombre. Es como si, a la menor agitación de Dios, el hombre se lo quitara todo: Su cuerpo entero y todo lo que Él viste, sin dejar nada atrás. La relación entre Dios y el hombre está más allá de toda reparación. Dios es incomprensible para el hombre; mientras tanto, este cierra los ojos deliberadamente, se hace el tonto, sin la mejor disposición a ver Mi existencia, y sin perdonar Mi juicio. Así, cuando el hombre no lo espere, Yo me iré volando en silencio, y dejaré de comparar quién es elevado entre los hombres y quién es bajo. La humanidad es el “animal” más bajo de todos, y Yo ya no deseo tenerlo en cuenta. Hace ya mucho que he devuelto la totalidad de Mi gracia al lugar donde Yo resido apaciblemente; dado que el hombre es tan desobediente, ¿qué razón tiene de disfrutar más de Mi preciosa gracia? No estoy dispuesto a conceder Mi gracia en vano a las fuerzas que me son hostiles. Conferiría Mis preciosos frutos a esos agricultores de Canaán, celosos y que acogen fervorosamente Mi regreso. Sólo deseo que los cielos duren toda la eternidad y, más aún, que el hombre no envejezca, que los cielos y el hombre reposen para siempre, y que esos “pinos y cipreses” imperecederos acompañen para siempre a Dios y que para siempre acompañen a los cielos al entrar juntos en la era ideal.

viernes, 26 de octubre de 2018

La palabra de Dios | Obra y entrada (9)

Desde hace mucho tiempo, las tradiciones étnicas y las perspectivas mentales arraigadas han ensombrecido el espíritu puro e infantil del hombre, han atacado su alma sin la más mínima humanidad como si fuera imparcial e incorruptible. Los métodos de estos demonios son extremadamente crueles, y es como si la “educación” y la “crianza” se hubieran convertido en las técnicas tradicionales mediante las cuales el rey de los diablos mata al hombre. Hace uso de su “profunda enseñanza”, y cubre por completo su fea alma, se viste con piel de oveja para lograr la confianza del hombre y, después, aprovechar cuando este duerme para devorarlo por completo. Pobre humanidad, ¿cómo podría saber que la tierra sobre la que fue criada es la tierra del diablo, que aquel que los crio es, en realidad, un enemigo que los hiere? Con todo, el hombre no despierta en absoluto. Una vez saciada su hambre y su sed, se prepara para devolver la “amabilidad” de sus padres al criarlo. Así es el hombre. Hoy, todavía no sabe que el “rey” que lo crio es su enemigo. La tierra está plagada de los huesos de los muertos, el diablo se alegra exageradamente sin cesar, y sigue devorando la carne del hombre en el “inframundo”, comparte una tumba con esqueletos humanos, e intenta en vano consumir a los últimos remanentes del cuerpo destrozado del hombre. Pero este sigue siempre ignorante, y nunca ha tratado al diablo como su enemigo, sino que le sirve con todo su corazón. Una nación tan depravada es, simplemente, incapaz de conocer a Dios. ¿Le resulta fácil a Dios hacerse carne y venir en medio de ellos, y realizar toda Su obra de salvación? ¿Cómo podría el hombre, que ya se ha hundido en el Hades, ser capaz de satisfacer los requisitos de Dios? Muchas son las noches insomnes que Dios ha soportado por el bien de la obra de la humanidad. Desde lo más alto hasta las más bajas profundidades, Él ha descendido al infierno viviente en el que el hombre mora para pasar Sus días con él, nunca se ha quejado de la mezquindad que hay entre los hombres, nunca le ha reprochado a este su desobediencia, sino que ha soportado la mayor humillación mientras lleva personalmente a cabo Su obra. ¿Cómo podría Dios pertenecer al infierno? ¿Cómo podría pasar Su vida allí? Sin embargo, por el bien de toda la humanidad, y para que toda ella pueda hallar descanso pronto, Él ha soportado la humillación, y sufrido la injusticia para venir a la tierra, y entró personalmente en el “infierno” y el “Hades”, en el foso del tigre, para salvar al hombre. ¿De qué forma está el hombre cualificado para oponerse a Dios? ¿Qué razón tiene para, una vez más, quejarse de Dios? ¿Cómo puede tener el descaro de volver a mirar a Dios? El Dios del cielo ha venido a esta, la más sucia de las tierras de vicio, y nunca ha desahogado Sus agravios ni se ha quejado del hombre, sino que acepta en silencio los estragos[1] y la opresión del hombre. Nunca ha devuelto el golpe ante las exigencias poco razonables del hombre, nunca le ha hecho requerimientos excesivos ni irrazonables. Simplemente realiza toda la obra que requiere el hombre sin queja alguna: enseñar, iluminar, reprochar, el refinamiento de las palabras, recordar, exhortar, consolar, juzgar y revelar. ¿Cuál de Sus pasos no ha sido para la vida del hombre? Aunque ha eliminado las perspectivas y la suerte del hombre, ¿cuál de los pasos que Dios ha llevado a cabo no ha sido para su destino? ¿Cuál de ellos no ha sido por el bien de la supervivencia humana? ¿Cuál de ellos no ha sido para liberarlo del sufrimiento y la opresión de las fuerzas oscuras tan negras como la noche? ¿Cuál de ellos no es por el bien del hombre? ¿Quién puede entender el corazón de Dios, que es como el de una madre amorosa? ¿Quién puede entender el ansioso corazón de Dios? El apasionado corazón de Dios y Sus ardientes expectativas han recibido a cambio fríos corazones, miradas insensibles e indiferentes, con las reprimendas y los insultos repetidos del hombre, cortantes observaciones, sarcasmo y menosprecio; con el ridículo del hombre, con su pisoteo y su rechazo, con su malentendido, sus gemidos, su distanciamiento y su evitación; con nada más que engaños, ataques y amargura. Las palabras cálidas han sido enfrentadas con un ceño feroz y el frío desafío de mil dedos recriminatorios. Dios no puede sino soportar, con la cabeza inclinada, servir a las personas como un buey dispuesto[2]. Cuántos soles y lunas, cuántas veces ha mirado a las estrellas, se ha marchado al alba, ha regresado al anochecer, dando vueltas en la cama, ha soportado agonía mil veces mayores que el dolor de Su partida del lado de Su Padre, sufrido los ataques, la ruptura, la trata y la poda del hombre. La humildad y el ocultamiento de Dios se han visto correspondidos por el prejuicio[3] del hombre, con los criterios y el trato injustos del hombre y Su anonimato, Su paciencia y Su tolerancia han recibido a cambio la avariciosa mirada del hombre; este intenta golpear a Dios hasta la muerte, sin remordimiento, y pisotearlo en el suelo. La actitud del hombre en su trato hacia Dios es de “rara inteligencia”, y Dios, a quien el hombre intimida y desdeña, está aplastado bajo los pies de decenas de millares de personas; mientras tanto, el hombre mismo se levanta hasta lo más alto, como si quisiera ser el rey del castillo, tomar el poder absoluto,[4] recibir audiencia detrás de una pantalla, para dejar a Dios como el aplicado y cumplidor director entre bastidores, al que no se le permite defenderse ni causar problema; Dios interpreta el papel del “Último Emperador”, tiene que ser una marioneta,[5] desprovisto de toda libertad. Los hechos del hombre son impensables, ¿cómo, pues, está cualificado para exigirle a Dios tales o cuales cosas? ¿De qué manera está cualificado para proponerle sugerencias a Dios? ¿Cómo está cualificado para exigir que Dios se compadezca de sus debilidades? ¿De qué forma es apto para recibir la misericordia de Dios, Su magnanimidad y Su perdón, una y otra vez? ¿Dónde está su conciencia? Hace mucho que le rompió el corazón a Dios, que se lo dejó hecho pedazos. Dios vino en medio del hombre, rebosante de alegría y entusiasmo, y esperaba que el hombre fuera caritativo con Él, aunque sólo fuera con un poco de calidez. A pesar de ello, el corazón de Dios tarda en ser consolado por el hombre; lo único que ha recibido son un bombardeo[6] de ataques y tormento; el corazón del hombre es demasiado codicioso, su deseo demasiado grande; nunca puede ser saciado, siempre es tramposo e imprudente; nunca le permite a Dios libertad alguna ni derecho a la palabra, ni le deja a Dios más opción que someterse a la humillación, y permitir que el hombre lo manipule como quiera.

miércoles, 24 de octubre de 2018

La palabra de Dios | Obra y entrada (8)



He dicho tantas veces que la obra de Dios de los últimos días es para alterar el espíritu de cada persona y cambiar su alma, de manera que su corazón, que ha sufrido un gran trauma, sea reformado, y rescatar así su alma tan profundamente dañada por el mal; esto es para despertar el espíritu de las personas, para descongelar su frío corazón y permitirles ser rejuvenecidos. Esta es la mayor voluntad de Dios. Dejad a un lado la conversación respecto a lo noble y lo profundo de la vida y las experiencias del hombre; cuando el corazón de las personas haya sido despertado, cuando hayan sido despertados de sus sueños, y conozcan por completo el daño forjado por el gran dragón rojo, la obra del ministerio de Dios habrá concluido. El día en que Su obra acabe, también será cuando el hombre empiece oficialmente a recorrer la senda correcta de la creencia en Dios. En ese momento, el ministerio de Dios habrá llegado a su fin: la obra del Dios encarnado habrá acabado por completo; el hombre empezará a desempeñar, oficialmente, el deber que debería realizar: llevará a cabo su ministerio. Estos son los pasos de la obra de Dios. Debéis, pues, buscar a tientas vuestra senda para entrar basándoos sobre el fundamento de conocer estas cosas. Todo esto es lo que debéis comprender. La entrada del hombre sólo mejorará cuando se hayan producido cambios en lo profundo de su corazón, porque la obra de Dios es la salvación completa del hombre —ese que ha sido redimido, que sigue viviendo bajo las fuerzas de oscuridad, y que nunca se ha despertado— de este lugar de reunión de los demonios. Esto es para que el hombre pueda ser liberado del pecado a lo largo de los siglos, sea amado por Dios, abata por completo al gran dragón rojo, establezca el reino de Dios y traiga un pronto reposo a Su corazón. Es para desahogar, sin reservas, el odio que hincha vuestro pecho; para erradicar esos gérmenes mohosos, para permitiros que dejéis esta vida que no es distinta a la de un buey o un caballo; que no seáis más esclavos, que el gran dragón rojo deje de pisotearos y de daros órdenes de manera arbitraria; ya no perteneceréis a esta nación fracasada ni al abyecto gran dragón rojo; ya no os esclavizará más. Con seguridad, Dios hará pedazos el nido de los demonios, y estaréis al lado de Dios; le pertenecéis a Él y no a este imperio de esclavos. Hace mucho que Dios aborrece a esta oscura sociedad con todas Sus fuerzas. Rechina los dientes, desesperado por plantar Sus pies sobre esta perversa y odiosa serpiente antigua, para que nunca más se levante y no vuelva a maltratar más al hombre. No disculpará sus actos del pasado, no tolerará que engañe al hombre, ajustará cuentas por cada uno de sus pecados a lo largo de los siglos; Dios no será benévolo en lo más mínimo hacia este cabecilla de todo mal;[1] lo destruirá por completo.

La palabra de Dios | Obra y entrada (7)

Al hombre le ha llevado hasta hoy entender que no sólo carece de la provisión de vida espiritual y de la experiencia de conocer a Dios, sino, lo que es más importante, de los cambios en su carácter. Debido a que el hombre desconoce por completo la historia y la antigua cultura de la humanidad, no tienen el más ligero conocimiento de la obra de Dios. El hombre espera poder estar apegado a Dios en lo profundo del corazón, pero por la excesiva corrupción de su carne, así como por la insensibilidad y la torpeza, queda reducido a no tener el más mínimo conocimiento de Dios. Dios viene en medio del hombre hoy con el propósito de transformar sus pensamientos y espíritus, así como la imagen de Dios que han tenido en su corazón durante miles de años. A través de esta oportunidad, Él perfeccionará al hombre. Es decir, por medio del conocimiento humano, Él cambiará la forma en que ellos llegan a conocerlo y su actitud hacia Él, para que su conocimiento de Dios pueda empezar desde cero, y sus corazones sean renovados y transformados de ese modo. El trato y la disciplina son los medios, y conquistar y renovar sean los objetivos. Disipar los pensamientos supersticiosos que el hombre ha mantenido sobre el Dios impreciso siempre ha sido la intención de Dios, y, últimamente, se ha convertido en el propósito de urgencia para Él. Espero que todas las personas le den una mayor consideración a esto. Que cambie la forma en que cada persona experimenta para que esta urgente intención de Dios pueda realizarse pronto, y la última etapa de la obra de Dios en la tierra pueda llevarse a una conclusión provechosa. Mostrad vuestra lealtad como deberíais, y consolad el corazón de Dios por última vez. Espero que ningún hermano o hermana esquive esta responsabilidad, o meramente se deje llevar por la inercia. Dios viene en carne, esta vez, previa invitación, y en vista de la condición del hombre. Es decir, Él viene a suplirle al hombre lo que necesita. Capacitará a cada hombre, cualquiera que sea su calibre o su crianza, para ver la palabra de Dios y, a partir de esta, ver Su existencia y Su manifestación, y aceptar que Dios los perfeccione. Su palabra cambiará los pensamientos y los conceptos del hombre, de manera que el verdadero rostro de Dios esté firmemente arraigado en las profundidades del corazón del ser humano. Este es el único deseo de Dios en la tierra. Independientemente de lo grande que sea la naturaleza del hombre, de lo pobre que sea su esencia, o de cómo actuara en el pasado, Dios no le presta atención a estas cosas. Sólo espera que el ser humano renueve por completo la imagen que tiene de Él en su corazón, y que venga a conocer la esencia de la humanidad, modificando así la perspectiva ideológica que tiene del hombre. Espera que éste sea capaz de anhelarlo profundamente, y tenga un apego eterno hacia Él. Esto es todo lo que Dios le pide al hombre.

miércoles, 17 de octubre de 2018

La palabra de Dios | Una advertencia a los que no practican la verdad


Aquellos entre los hermanos y hermanas que siempre están mostrando su negatividad son lacayos de Satanás y perturban a la iglesia. Estas personas deben ser expulsadas y eliminadas un día. En su creencia en Dios, si las personas no tienen dentro de ellos un corazón reverente a Dios, si no tienen un corazón que es obediente a Dios, entonces no sólo no podrán hacer ninguna obra para Dios, sino que se convertirán en personas que alteran la obra de Dios y que desafían a Dios. La mayor desgracia para un creyente es cuando alguien que cree en Dios no obedece a Dios ni reverencia a Dios, sino que lo desafía. Si el habla y la conducta de un creyente son siempre tan casuales y desenfrenadas como las de un incrédulo, este creyente es aún más malvado que el incrédulo; es un típico demonio. Aquellos en la iglesia que ventilan su conversación venenosa, aquellos entre los hermanos y hermanas que difunden rumores, fomentan la desarmonía y forman grupitos deben ser expulsados ​​de la iglesia. Pero estas personas han sido restringidas porque esta es una era diferente de la obra de Dios, porque están condenados a ser objetos de eliminación. Aquellos que han sido corrompidos por Satanás tienen un carácter corrupto. Pero mientras que algunas personas sólo tienen un carácter corrupto hay otras que no son así, no sólo tienen caracteres satánicos corruptos, sino que sus naturalezas también son malignas en extremo. Todo lo que hace y dice este tipo de persona no sólo está expresando sus corruptos caracteres satánicos, sino que ellos mismos son el verdadero diablo Satanás. Todo lo que hacen es interrumpir y perturbar la obra de Dios, alterar la entrada a la vida de hermanos y hermanas y destruir la vida normal de la iglesia. Estos lobos con piel de oveja deben ser eliminados tarde o temprano, y hay que adoptar una actitud despiadada hacia estos lacayos de Satanás que no sea de ninguna manera cortés; hay que adoptar una actitud de abandono hacia ellos. Sólo haciendo esto se puede estar del lado de Dios y aquellos que no pueden hacerlo están aliados con Satanás. Dios siempre está en los corazones de aquellos que genuinamente creen en Dios y siempre llevan un corazón reverente a Dios dentro de ellos, un corazón que ama a Dios. Aquellos que creen en Dios deben hacer las cosas con un corazón cauteloso y prudente, y todo lo que hacen debe estar de acuerdo con las exigencias de Dios y ser capaces de satisfacer el corazón de Dios. No deben ser obstinados y hacer lo que les plazca; eso no está en conformidad con la dignidad de los santos. Las personas no pueden hacer alarde del estandarte de Dios y correr enloquecidamente con él por todas partes, fanfarroneando y estafando en todas partes; hacer esto es la conducta más rebelde. Las familias tienen reglas y las naciones tienen leyes, así que ¿cuánto más la familia de Dios tiene estándares estrictos? ¿No tiene aún más decretos administrativos? Las personas son libres de hacer lo que quieran, pero los decretos administrativos de Dios no pueden alterarse a voluntad. Dios es un Dios que no permite que las personas lo ofendan y Dios es un Dios que manda a las personas a la muerte, ¿realmente no saben ya esto las personas?

miércoles, 10 de octubre de 2018

La palabra de Dios | Obra y entrada (1)


Desde que las personas empezaron a transitar por la senda correcta de la vida, existen muchas cosas que todavía no les han quedado claras. Siguen encontrándose completamente confusos respecto a la obra de Dios, y sobre gran parte de la obra que deberían realizar. Esto se debe, por una parte, a la desviación en su experiencia y a las limitaciones de su capacidad de recibir; por la otra, la razón es que la obra de Dios no los ha llevado aún a esta fase. Por tanto, todos son ambiguos en lo que concierne a la mayoría de los asuntos espirituales. No sólo no tenéis claro dónde deberíais entrar, sino que aún sois más ignorantes de la obra de Dios. Esto es más que un simple asunto de deficiencias en vosotros: es un gran defecto que pertenece a todos aquellos en el mundo religioso. Aquí radica la clave de por qué las personas no conocen a Dios y, por lo tanto, esta imperfección es un defecto común que comparten todos aquellos que lo buscan. Ni una sola persona ha conocido nunca a Dios ni ha visto Su verdadero rostro. Por ello, la obra de Dios se convierte en algo tan arduo como mover un monte o secar el mar. ¿Cuántos han sacrificado su vida por la obra de Dios; cuántos han sido repudiados a causa de Su obra; cuántos han sido atormentados hasta la muerte por Su obra; cuántos han muerto injustamente, con lágrimas en los ojos, por amor a Dios; cuántos se han encontrado con la persecución cruel e inhumana…? ¿No se deben todas estas tragedias a la falta de conocimiento que tienen las personas sobre Dios? ¿Cómo podría alguien que no conoce a Dios tener la desfachatez de venir delante de Él? ¿Cómo podría tener la desvergüenza de presentarse ante Él alguien que cree en Dios y, aun así, le persigue? Esto no es lo único inadecuado de aquellos que se encuentran dentro del mundo religioso, sino que son más bien comunes entre vosotros y ellos. Las personas creen en Dios sin conocerle; sólo por esta razón, no lo reverencian en su corazón ni le temen. Están incluso aquellos que, con gran pompa y circunstancia, realizan la obra que ellos mismos imaginan dentro de esta corriente, y abordan la obra de Dios según sus propias exigencias y sus deseos pródigos. Muchos actúan en un arrebato, sin sentir estima por Dios, y siguiendo su propia voluntad. ¿No son estas perfectas personificaciones de los corazones egoístas de las personas? ¿Acaso no manifiestan el sobreabundante elemento de engaño que poseen las personas? Las personas pueden ser, en realidad, supremamente inteligentes, ¿pero cómo pueden sus dones ocupar el lugar de la obra de Dios? Pueden interesarse de verdad por la carga de Dios, pero no pueden actuar con tanto egoísmo. ¿Son los actos de los seres humanos realmente divinos? ¿Puede alguien estar por completo seguro? Dar testimonio de Dios, heredar Su gloria, se debe a que Dios hace una excepción y levanta a las personas; ¿cómo podrían ser merecedores de ello? La obra de Dios no ha hecho más que empezar; Sus palabras apenas han comenzado a pronunciarse. A estas alturas, los hombres se sienten bien consigo mismos; ¿acaso no es esto simplemente incitarse a la humillación? Entienden demasiado poco. Ni el teórico más dotado ni el orador más elocuente pueden describir toda la abundancia de Dios; ¿cuánto menos vosotros? Más os valdría no elevar vuestro propio mérito más alto que los cielos, y veros más bien a vosotros mismos como algo más bajo que el menor de esas personas racionales que buscan amar a Dios. Esta es la senda por la que habéis de entrar: consideraos a vosotros mismos un palmo más bajo que todos los demás. ¿Por qué os tenéis en tal alta estima, en tan gran consideración? En el largo viaje de la vida sólo habéis dado los primeros pasos. Lo único que veis es el brazo de Dios, no Su totalidad. Os corresponde ver más de Su obra, descubrir más de aquello a lo que deberíais entrar, porque habéis cambiado demasiado poco.

martes, 9 de octubre de 2018

La palabra de Dios | Sólo al experimentar pruebas dolorosas puedes conocer el encanto de Dios

¿Cuánto amas a Dios el día de hoy? ¿Y cuánto sabes de todo lo que Él ha hecho en ti? Esto es lo que debes aprender. Cuando Dios llegue a la tierra, todo lo que Él ha hecho en el hombre y le ha permitido al hombre ver es para que el hombre lo ame y lo conozca realmente. Que el hombre pueda sufrir por Dios y que haya podido llegar hasta aquí se debe, en un sentido, al amor de Dios y, en el otro, a la salvación de Dios; además, se debe a la obra del juicio y del castigo que Dios ha llevado a cabo en el hombre. Si no tenéis el juicio, el castigo y las pruebas de Dios, y si Dios no os ha hecho sufrir, entonces, a decir verdad, vosotros no amáis sinceramente a Dios. Cuanto mayor sea la obra que Dios hace en el hombre, y cuanto mayor sea el sufrimiento del hombre, más puede mostrar cuán significativa es la obra de Dios y más puede el corazón del hombre amar a Dios sinceramente. ¿Cómo aprendéis cómo amar a Dios? Sin la tribulación ni el refinamiento, sin las pruebas dolorosas, y si, aparte de esto, todo lo que Dios le diera al hombre fuera la gracia, el amor y la misericordia, ¿serías capaz de alcanzar el verdadero amor de Dios? Por un lado, durante las pruebas que Dios permite, el hombre llega a conocer sus deficiencias y ve que es insignificante, despreciable y vil, que no tiene nada y que no es nada; por el otro, durante Sus pruebas Dios crea para el hombre entornos diferentes que hacen que el hombre pueda experimentar más la hermosura de Dios. Aunque el dolor es grande y a veces insuperable, e incluso alcanza el nivel de un dolor abrumador, después de haberlo experimentado, el hombre ve qué preciosa es la obra de Dios en él y sólo sobre este fundamento nace en el hombre el amor Verdadero por Dios. Hoy el hombre ve que únicamente con la gracia, el amor y la misericordia de Dios no es capaz de conocerse a sí mismo verdaderamente y mucho menos puede conocer la esencia del hombre. Sólo por medio del refinamiento y del juicio de Dios, sólo durante ese refinamiento puede el hombre conocer sus deficiencias y saber que no tiene nada y, de esta manera, el amor del hombre por Dios se construye sobre el fundamento del refinamiento y el juicio de Dios. Si sólo gozas la gracia de Dios, con una vida familiar tranquila o con bendiciones materiales, entonces no has ganado a Dios y tu creencia en Dios ha fracasado. Dios ya ha llevado a cabo una etapa de la obra de la gracia en la carne y le ha otorgado al hombre bendiciones materiales, pero el hombre no puede ser perfeccionado sólo con la gracia, el amor y la misericordia. En las experiencias del hombre, este encuentra algo del amor de Dios y ve el amor y la misericordia de Dios, pero después de experimentar por un periodo de tiempo, ve que la gracia de Dios y Su amor y misericordia no pueden hacer perfecto al hombre y no pueden revelar lo que está corrupto dentro del hombre ni tampoco pueden librar al hombre de su carácter corrupto o hacer perfecto su amor y su fe. La obra de la gracia de Dios fue la obra de un periodo y el hombre no puede depender del disfrute de la gracia de Dios para conocer a Dios.