Las dos veces que Dios se ha encarnado para caminar por la tierra y llevar a cabo la obra de salvar al hombre ha sido objeto de la máxima resistencia, la condena y la feroz persecución de los líderes del mundo religioso, un hecho que ha dejado perpleja y hasta conmocionada a la gente: ¿Por qué cada vez que Dios despliega una etapa de una nueva obra recibe siempre este trato? ¿Por qué los que se oponen a Dios de forma más feroz y agresiva son los líderes religiosos que leen la Biblia una y otra vez y han servido a Dios muchos años? ¿Por qué aquellos líderes religiosos que la gente considera los más devotos, fieles y obedientes a Dios son en realidad incapaces de ser compatibles con Él y, por el contrario, siempre actúan de forma perversa y son Sus enemigos? ¿Quizá Dios cometió algún error en Su obra? ¿Quizá las acciones de Dios no se atienen a razones? ¡Por supuesto que no es así! Hay dos razones fundamentales por las que varias denominaciones y sectas tienen personas que cumplen la función de oponerse a Dios y convertirse en Sus enemigos, y las mismas son: en primer lugar, además de carecer de la verdad y de conocimiento de la obra del Espíritu Santo, estas personas tampoco tienen conocimiento de Dios, siempre se amparan en su conocimiento limitado de la Biblia, en las teorías teológicas y en las nociones y fantasías de la gente para definir la obra de Dios, que siempre es nueva y nunca vieja. En segundo lugar, puesto que la humanidad está profundamente corrompida por Satanás, tiene una naturaleza arrogante y engreída, es incapaz de obedecer la verdad y valora, sobre todo, el estatus. La combinación de estos dos aspectos conduce a la tragedia de la humanidad, que renuncia al camino verdadero y lo condena una y otra vez a lo largo de la historia.