A partir de las dos publicaciones últimas, hemos entendemos la voluntad de Dios a través de que las pruebas que llegaron a Abraham y Job, viendo que hay buenas intenciones de Dios en las pruebas, Él se forja la verdad en nosotros por esta manera. Después de experimentar tales pruebas, tendremos una mejor comprensión de Dios, veremos con mayor claridad la batalla en el ámbito espiritual y nuestra vida crecerá. Además, conoceremos cómo debemos buscar por nuestra fe, y qué camino y dirección debemos seguir, al final podremos gradualmente entrar en el camino correcto de creer en Dios.
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miércoles, 12 de febrero de 2020
jueves, 29 de noviembre de 2018
El pueblo escogido en China no puede representar ninguna tribu de Israel
La casa de David recibió la promesa de Jehová y fue una familia la que recibió la herencia de Jehová. Originalmente era una de las tribus de Israel y pertenecía al pueblo escogido. En ese tiempo Jehová decretó una ley para los israelitas, que todas las personas judías que pertenecieran a la casa de David, todas aquellas que nacieran en esa casa, recibirían Su herencia. Recibirían cien veces más y obtendrían el estatus de los hijos primogénitos. En ese tiempo, eran los más elevados entre todos los israelitas, tenían la posición más alta entre todas las familias de Israel y directamente servían a Jehová en el templo, usando túnicas sacerdotales y coronas. En ese tiempo, Él los llamó siervos fieles y santos y se ganaron el aprecio de todas las otras tribus de Israel. De esa manera, en ese tiempo todos ellos fueron respetuosamente llamados señores, esta fue la obra de Jehová en la Era de la Ley. Hoy todavía están sirviendo a Jehová de esta manera en el templo, así que siempre serán reyes designados por Jehová. Nadie les puede quitar su corona y nadie puede alterar su servicio porque pertenecieron a la casa de David desde el principio; esto es lo que Jehová les otorgó. La razón por la cual vosotros no pertenecéis a la casa de David es que no sois de Israel, sino que pertenecéis a las casas fuera de Israel. También, vuestra naturaleza no es adorar a Jehová, sino que es resistirlo, así que no tenéis la misma identidad que los de la casa de David y no sois uno de los que recibiréis Mi herencia. Vosotros en particular no sois de los que recibiréis cien veces más.
miércoles, 28 de noviembre de 2018
Evangelio de hoy | La esencia y la identidad del hombre
En realidad, no están decepcionados, y han estado mirando lo que se ha hecho a lo largo de los últimos seis mil años hasta hoy, porque Yo no los abandoné. En su lugar, como sus antepasados comieron el “fruto” del árbol del conocimiento del bien y el mal que el maligno les ofreció, ellos me abandonaron por el pecado. Lo bueno me pertenece, mientras que lo malo le pertenece al maligno que me engaña por causa del pecado. Yo no culpo a los hombres ni los aniquilo despiadadamente, ni los someto a un castigo inmisericorde, porque el mal no pertenecía originalmente a la humanidad. Por tanto, aunque esos israelitas me clavaron públicamente en la cruz, ellos, que han estado esperando al Mesías y a Jehová, y anhelan al Salvador Jesús, no han olvidado Mi promesa. Esto se debe a que no los he abandonado. Después de todo, he tomado la sangre como prueba del pacto que he establecido con los hombres. Esta realidad se ha convertido en la “sangre del pacto” grabada en los corazones de personas jóvenes e inocentes, como si estuviera marcada, y como la coexistencia eterna del cielo y la tierra. Yo nunca he engañado a esas almas afligidas a quienes redimí, gané, y que me aman más que al maligno, después de que Yo las predestinara y eligiera. Por tanto, ellas aguardan con entusiasmo Mi retorno, y esperan ansiosamente reunirse conmigo. Como Yo nunca he borrado el pacto que establecí con ellos con sangre, no es de sorprender que hayan estado esperando con entusiasmo. Yo recuperaré estos corderos perdidos durante años, porque siempre he amado a los hombres. Debido a los elementos de mal que se han añadido a lo bueno en los hombres, aunque Yo ganaré a las pobres almas que me aman y a quienes ya he amado, ¿cómo puedo traer a esos malvados que nunca me han amado, y que han actuado como enemigos en Mi casa? Yo no traeré a Mi reino a los descendientes del diablo y de la víbora que me odian, se oponen a Mí, me atacan y maldicen, aunque haya establecido el pacto de sangre con los hombres. Debes saber por qué y por quién llevo a cabo la obra. ¿Hay bien o mal en tu amor? ¿Me conoces realmente como David y Moisés lo hicieron? ¿Me sirves realmente como lo hizo Abraham? Es cierto que estás siendo perfeccionado por Mí, pero debes saber esto: ¿A quién representarás? ¿A semejanza de quién tendrás el mismo resultado? En tu vida, ¿tienes una cosecha gozosa y abundante a través de tu experiencia de Mí? ¿Es abundante y fructífera? Debes examinarte a ti mismo. Durante años te has esforzado por Mi causa, pero ¿obtuviste algo alguna vez? ¿Has cambiado o ganado algo? A cambio de tu experiencia en la dificultad, ¿te vuelves como Pedro que fue crucificado, o como Pablo que fue derribado y recibió una gran “luz”? Debes ser consciente de estas cosas. Yo no estoy constantemente hablando sobre tu vida ni pensando en ella, que es más pequeña que una semilla de mostaza, que tiene el tamaño de un grano de arena. Francamente, Yo gestiono a la humanidad. Sin embargo, no considero la vida del hombre, a quien una vez odié, pero a quien retomé más adelante como una parte importante de Mi gestión. Debes tener claro cuál era realmente vuestra antigua identidad, y a quién servíais como esclavos. Por tanto, Yo no uso el rostro de los hombres como el de Satanás, como materias primas para gestionarlos, ya que los hombres no son objetos valiosos. Debéis recordar Mi actitud hacia vosotros al principio, y cuando me dirigí a vosotros en ese momento, el cual no carecía de significado práctico. Debes saber que los “sombreros” en vuestras cabezas no son injustificados. Yo supongo que todos vosotros sabéis que no pertenecíais originalmente a Dios, sino que Satanás os capturó hace mucho y servisteis en su hogar como siervos leales. Hace mucho que me olvidasteis, porque habéis estado mucho tiempo fuera de Mi casa, yen las manos del maligno. Aquellos a los que Yo salvo son los que Yo predestiné hace mucho, y los que he redimido, mientras vosotros sois pobres almas que han sido colocadas entre los hombres como una excepción a la regla. Debéis saber que no pertenecéis a la casa de David o Jacob, sino a la de Moab, que son miembros de una tribu gentil. Porque Yo no establecí un pacto con vosotros, sino que sólo llevé a cabo obra, hablé en medio de vosotros, y os guié. Mi sangre no se derramó por vosotros. Yo sólo llevé a cabo obra entre vosotros por causa de Mi testimonio. ¿No habéis sabido esto? ¿Es realmente Mi obra como la de Jesús sangrando hasta la muerte en vuestro nombre? No merecía la pena que Yo soportara una humillación tan grande por vosotros. Dios, quien es absolutamente sin pecado, llegó en realidad a un lugar que es como para perros y cerdos, extremadamente detestable y repugnante, e inhabitable para los hombres. Sin embargo, soporté todas estas humillaciones crueles parala gloria de Mi Padre, y para el testimonio eterno. Debéis conocer vuestra conducta, y ver que no sois niños nacidos en “familias ricas y poderosas”, sino simples hijos miserables de Satanás. No sois fundadores entre los hombres ni tenéis derechos humanos o libertad. Originalmente no teníais parte en ninguna de las bendiciones de la humanidad ni del reino del cielo. Esto se debe a que estáis en lo más bajo de los hombres en humanidad, y Yo nunca he pensado en vuestro futuro. Por tanto, aunque era una parte original de Mi plan que hoy Yo tuviera fe para perfeccionaros, es un trabajo sin precedentes, porque vuestro estatus es demasiado inferior y, originalmente, no teníais parte en la humanidad. ¿No es esto una bendición para los hombres?
domingo, 16 de septiembre de 2018
Esstudiar La Biblia | La historia de Moisés
Versículos de la Biblia:
Los israelitas se multiplican en Egipto (Éxodo 1:1-22)
ESTOS son los nombres de los hijos de Israel, que entraron en Egipto con Jacob; cada uno entró con su familia. Rubén, Simeón, Leví y Judá; Issachâr, Zabulón y Benjamín; Dan y Nephtalí, Gad y Aser. Y todas las almas de los que salieron del muslo de Jacob, fueron setenta. Y José estaba en Egipto. Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación. Y los hijos de Israel crecieron, y multiplicaron, y fueron aumentados y corroborados en extremo; y llenóse la tierra de ellos.
Levantóse entretanto un nuevo rey sobre Egipto, que no conocía á José; el cual dijo á su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros: Ahora, pues, seamos sabios para con él, porque no se multiplique, y acontezca que viniendo guerra, él también se junte con nuestros enemigos, y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra. Entonces pusieron sobre él comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron á Faraón las ciudades de los bastimentos, Phithom y Raamses. Empero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían: así que estaban ellos fastidiados de los hijos de Israel. Y los Egipcios hicieron servir á los hijos de Israel con dureza: Y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo, y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigorismo.
Y habló el rey de Egipto á las parteras de las Hebreas, una de las cuales se llamaba Siphra, y otra Phúa, y díjoles: Cuando parteareis á las Hebreas, y mirareis los asientos, si fuere hijo, matadlo; y si fuere hija, entonces viva. Mas las parteras temieron á Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que reservaban la vida á los niños. Y el rey de Egipto hizo llamar á las parteras y díjoles: ¿Por qué habéis hecho esto, que habéis reservado la vida á los niños? Y las parteras respondieron á Faraón: Porque las mujeres Hebreas no son como las Egipcias: porque son robustas, y paren antes que la partera venga á ellas. Y Dios hizo bien á las parteras: y el pueblo se multiplicó, y se corroboraron en gran manera. Y por haber las parteras temido á Dios, él les hizo casas. Entonces Faraón mandó á todo su pueblo, diciendo: Echad en el río todo hijo que naciere, y á toda hija reservad la vida.
El Nacimiento de Moisés (Éxodo 2:1-9)
UN varón de la familia de Leví fué, y tomó por mujer una hija de Leví: La cual concibió, y parió un hijo: y viéndolo que era hermoso, túvole escondido tres meses. Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos, y calafateóla con pez y betún, y colocó en ella al niño, y púsolo en un carrizal á la orilla del río: Y paróse una hermana suya á lo lejos, para ver lo que le acontecería.
Y la hija de Faraón descendió á lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vió ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya á que la tomase. Y como la abrió, vió al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los Hebreos es éste. Entonces su hermana dijo á la hija de Faraón: ¿Iré á llamarte un ama de las Hebreas, para que te críe este niño? Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fué la doncella, y llamó á la madre del niño; A la cual dijo la hija de Faraón: Lleva este niño, y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño, y criólo.
Moisés huye a Madián (Éxodo 2:10-25)
Y como creció el niño, ella lo trajo á la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y púsole por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué.
Y en aquellos días acaeció que, crecido ya Moisés, salió á sus hermanos, y vió sus cargas: y observó á un Egipcio que hería á uno de los Hebreos, sus hermanos. Y miró á todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al Egipcio, y escondiólo en la arena. Y salió al día siguiente, y viendo á dos Hebreos que reñían, dijo al que hacía la injuria: ¿Por qué hieres á tu prójimo? Y él respondió: ¿Quién te ha puesto á ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿piensas matarme como mataste al Egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo, y dijo: Ciertamente esta cosa es descubierta.
Y oyendo Faraón este negocio, procuró matar á Moisés: mas Moisés huyó de delante de Faraón, y habitó en la tierra de Madián; y sentóse junto á un pozo.
Tenía el sacerdote de Madián siete hijas, las cuales vinieron á sacar agua, para llenar las pilas y dar de beber á las ovejas de su padre. Mas los pastores vinieron, y echáronlas: Entonces Moisés se levantó y defendiólas, y abrevó sus ovejas. Y volviendo ellas á Ragüel su padre, díjoles él: ¿Por qué habéis hoy venido tan presto? Y ellas respondieron: Un varón Egipcio nos defendió de mano de los pastores, y también nos sacó el agua, y abrevó las ovejas. Y dijo á sus hijas: ¿Y dónde está? ¿por qué habéis dejado ese hombre? llamadle para que coma pan. Y Moisés acordó en morar con aquel varón; y él dió á Moisés á su hija Séphora: La cual le parió un hijo, y él le puso por nombre Gersom: porque dijo: Peregrino soy en tierra ajena.
Y aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel suspiraron á causa de la servidumbre, y clamaron: y subió á Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. Y oyó Dios el gemido de ellos, y acordóse de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios á los hijos de Israel, y reconociólos Dios.
Moisés en la zarza ardiente (Éxodo 3:1-22)
Y APACENTANDO Moisés las ovejas de Jethro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas detrás del desierto, y vino á Horeb, monte de Dios. Y apareciósele el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza: y él miró, y vió que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora, y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Y viendo Jehová que iba á ver, llamólo Dios de en medio de la zarza, y dijo: Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No te llegues acá: quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar á Dios.
Y dijo Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor á causa de sus exactores; pues tengo conocidas sus angustias: Y he descendido para librarlos de mano de los Egipcios, y sacarlos de aquella tierra á una tierra buena y ancha, á tierra que fluye leche y miel, á los lugares del Cananeo, del Hetheo, del Amorrheo, del Pherezeo, del Heveo, y del Jebuseo. El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los Egipcios los oprimen.
Ven por tanto ahora, y enviarte he á Faraón, para que saques á mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto. Entonces Moisés respondió á Dios: ¿Quién soy yo, para que vaya á Faraón, y saque de Egipto á los hijos de Israel? Y él le respondió: Ve, porque yo seré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: luego que hubieres sacado este pueblo de Egipto, serviréis á Dios sobre este monte.
Y dijo Moisés á Dios: He aquí que llego yo á los hijos de Israel, y les digo, El Dios de vuestros padres me ha enviado á vosotros; si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre? ¿qué les responderé? Y respondió Dios á Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás á los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado á vosotros. Y dijo más Dios á Moisés: Así dirás á los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado á vosotros. Este es mi nombre para siempre, este es mi memorial por todos los siglos. Ve, y junta los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob, me apareció, diciendo: De cierto os he visitado, y visto lo que se os hace en Egipto; Y he dicho: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto á la tierra del Cananeo, y del Hetheo, y del Amorrheo, y del Pherezeo, y del Heveo, y del Jebuseo, á una tierra que fluye leche y miel. Y oirán tu voz; é irás tú, y los ancianos de Israel, al rey de Egipto, y le diréis: Jehová, el Dios de los Hebreos, nos ha encontrado; por tanto nosotros iremos ahora camino de tres días por el desierto, para que sacrifiquemos á Jehová nuestro Dios. Mas yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino por mano fuerte. Empero yo extenderé mi mano, y heriré á Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir. Y yo daré á este pueblo gracia en los ojos de los Egipcios, para que cuando os partiereis, no salgáis vacíos: Sino que demandará cada mujer á su vecina y á su huéspeda vasos de plata, vasos de oro, y vestidos: los cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas, y despojaréis á Egipto.
Bastón de Moisés (Éxodo 4:1-5)
ENTONCES Moisés respondió, y dijo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová. Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. Y él le dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra, y tornóse una culebra: y Moisés huía de ella. Entonces dijo Jehová á Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y tomóla, y tornóse vara en su mano. Por esto creerán que se te ha aparecido Jehová, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob.
La mano de Moisés (Éxodo 4:6-9)
Y díjole más Jehová: Mete ahora tu mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno; y como la sacó, he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve. Y dijo: Vuelve á meter tu mano en tu seno: y él volvió á meter su mano en su seno; y volviéndola á sacar del seno, he aquí que se había vuelto como la otra carne. Si aconteciere, que no te creyeren, ni obedecieren á la voz de la primera señal, creerán á la voz de la postrera. Y si aún no creyeren á estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas del río, y derrámalas en tierra; y volverse han aquellas aguas que tomarás del río, se volverán sangre en la tierra.
El nombramiento de Aaron (Éxodo 4:10-17)
Entonces dijo Moisés á Jehová: Ay Señor! yo no soy hombre de palabras de ayer ni de anteayer, ni aun desde que tú hablas á tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua. Y Jehová le respondió: ¿Quién dió la boca al hombre? ¿ó quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿no soy yo Jehová? Ahora pues, ve, que yo seré en tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar. Y él dijo: Ay Señor! envía por mano del que has de enviar.
Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo á tu hermano Aarón, Levita, y que él hablará? Y aun he aquí que él te saldrá á recibir, y en viéndote, se alegrará en su corazón. Tú hablarás á él, y pondrás en su boca las palabras, y yo seré en tu boca y en la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer. Y él hablará por ti al pueblo; y él te será á ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios. Y tomarás esta vara en tu mano, con la cual harás las señales.
viernes, 14 de septiembre de 2018
Esstudiar La Biblia | La destrucción de Sodoma y Gemorra
Versículos de la Biblia:
Abraham intercede por Sodoma (Génesis 18:16-33)
Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma: y Abraham iba con ellos acompañándolos. Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo á Abraham lo que voy á hacer, Habiendo de ser Abraham en una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las gentes de la tierra? Porque yo lo he conocido, sé que mandará á sus hijos y á su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él. Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor de Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo, Descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, saberlo he.
Y apartáronse de allí los varones, y fueron hacia Sodoma: mas Abraham estaba aún delante de Jehová. Y acercóse Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío? Quizá hay cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por cincuenta justos que estén dentro de él? Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo? Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré á todo este lugar por amor de ellos. Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado á hablar á mi Señor, aunque soy polvo y ceniza: Quizá faltarán de cincuenta justos cinco: ¿destruirás por aquellos cinco toda la ciudad? Y dijo: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco. Y volvió á hablarle, y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré por amor de los cuarenta. Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se hallarán allí treinta. Y respondió: No lo haré si hallare allí treinta. Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar á mi Señor: quizá se hallarán allí veinte. No la destruiré, respondió, por amor de los veinte. Y volvió á decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor de los diez. Y fuése Jehová, luego que acabó de hablar á Abraham: y Abraham se volvió á su lugar.
Lot le da la bienvenida a los ángeles (Génesis 19:1-23)
Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa á Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, porque no perezcas en el castigo de la ciudad. Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer, y de las manos de sus dos hijas según la misericordia de Jehová para con él; y le sacaron, y le pusieron fuera de la ciudad. Y fué que cuando los hubo sacado fuera, dijo: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas. Y Lot les dijo: No, yo os ruego, señores míos; He aquí ahora ha hallado tu siervo gracia en tus ojos, y has engrandecido tu misericordia que has hecho conmigo dándome la vida; mas yo no podré escapar al monte, no sea caso que me alcance el mal y muera. He aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá, la cual es pequeña; escaparé ahora allá, (¿no es ella pequeña?) y vivirá mi alma. Y le respondió: He aquí he recibido también tu súplica sobre esto, y no destruiré la ciudad de que has hablado. Date priesa, escápate allá; porque nada podré hacer hasta que allí hayas llegado. Por esto fué llamado el nombre de la ciudad, Zoar.
El sol salía sobre la tierra, cuando Lot llegó á Zoar.
La destrucción de Sodoma y Gemorra (Génesis 19:24-29)
Entonces la mujer de Lot miró atrás, á espaldas de él, y se volvió estatua de sal.
Y subió Abraham por la mañana al lugar donde había estado delante de Jehová: Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno. Así fué que, cuando destruyó Dios las ciudades de la llanura, acordóse Dios de Abraham, y envió fuera á Lot de en medio de la destrucción, al asolar las ciudades donde Lot estaba.
Así fué que, cuando destruyó Dios las ciudades de la llanura, acordóse Dios de Abraham, y envió fuera á Lot de en medio de la destrucción, al asolar las ciudades donde Lot estaba.
martes, 11 de septiembre de 2018
Esstudiar La Biblia | Abraham ofrece a Isaac
Versículos de la Biblia:
Abram llamado Abraham (Génesis 17:1-8)
Y SIENDO Abram de edad de noventa y nueve años, aparecióle Jehová, y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí, y sé perfecto.
Y pondré mi pacto entre mí y ti, y multiplicarte he mucho en gran manera.
Entonces Abram cayó sobre su rostro, y Dios habló con él diciendo:
Yo, he aquí mi pacto contigo: Serás padre de muchedumbre de gentes:
Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes.
Y multiplicarte he mucho en gran manera, y te pondré en gentes, y reyes saldrán de ti. Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu simiente después de ti en sus generaciones, por alianza perpetua, para serte á ti por Dios, y á tu simiente después de ti. Y te daré á ti, y á tu simiente después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos.
La circuncisión del pacto (Génesis 17:9-22)
Dijo de nuevo Dios á Abraham: Tú empero guardarás mi pacto, tú y tu simiente después de ti por sus generaciones. Este será mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu simiente después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros. Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros. Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generaciones: el nacido en casa, y el comprado á dinero de cualquier extranjero, que no fuere de tu simiente. Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero: y estará mi pacto en vuestra carne para alianza perpetua. Y el varón incircunciso que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será borrada de su pueblo; ha violado mi pacto.
Dijo también Dios á Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre. Y bendecirla he, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá á ser madre de naciones; reyes de pueblos serán de ella. Entonces Abraham cayó sobre su rostro, y rióse, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿y Sara, ya de noventa años, ha de parir? Y dijo Abraham á Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti. Y respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te parirá un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él por alianza perpetua para su simiente después de él. Y en cuanto á Ismael, también te he oído: he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera: doce príncipes engendrará, y ponerlo he por gran gente. Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, al cual te parirá Sara por este tiempo el año siguiente. Y acabó de hablar con él, y subió Dios de con Abraham.
Los visitantes celestiales de Abraham (Génesis 18:1-15)
Y APARECIOLE Jehová en el valle de Mamre, estando él sentado á la puerta de su tienda en el calor del día. Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto á él: y cuando los vió, salió corriendo de la puerta de su tienda á recibirlos, é inclinóse hacia la tierra, Y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, ruégote que no pases de tu siervo. Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol, Y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón; después pasaréis: porque por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho. Entonces Abraham fué de priesa á la tienda á Sara, y le dijo: Toma presto tres medidas de flor de harina, amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo. Y corrió Abraham á las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y diólo al mozo, y dióse éste priesa á aderezarlo. Tomó también manteca y leche, y el becerro que había aderezado, y púsolo delante de ellos; y él estaba junto á ellos debajo del árbol; y comieron.
Y le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Aquí en la tienda. Entonces dijo: De cierto volveré á ti según el tiempo de la vida, y he aquí, tendrá un hijo Sara tu mujer. Y Sara escuchaba á la puerta de la tienda, que estaba detrás de él. Y Abraham y Sara eran viejos, entrados en días: á Sara había cesado ya la costumbre de las mujeres. Rióse, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo? Entonces Jehová dijo á Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: Será cierto que he de parir siendo ya vieja? ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré á ti, según el tiempo de la vida, y Sara tendrá un hijo. Entonces Sara negó diciendo: No me reí; porque tuve miedo. Y él dijo: No es así, sino que te has reído.
El nacimiento de Isaac (Génesis 21:1-7)
Y VISITO Jehová á Sara, como había dicho, é hizo Jehová con Sara como había hablado. Y concibió y parió Sara á Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le parió Sara, Isaac. Y circuncidó Abraham á su hijo Isaac de ocho días, como Dios le había mandado. Y era Abraham de cien años, cuando le nació Isaac su hijo. Entonces dijo Sara: Dios me ha hecho reir, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo. Y añadió: ¿Quién dijera á Abraham que Sara había de dar de mamar á hijos? pues que le he parido un hijo á su vejez.
La ofrenda de Isaac (Génesis 22:1-19)
Y como llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató á Isaac su hijo, y púsole en el altar sobre la leña. Y extendió Abraham su mano, y tomó el cuchillo, para degollar á su hijo.
Entonces el ángel de Jehová le dió voces del cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; que ya conozco que temes á Dios, pues que no me rehusaste tu hijo, tu único; Entonces alzó Abraham sus ojos, y miró, y he aquí un carnero á sus espaldas trabado en un zarzal por sus cuernos: y fué Abraham, y tomó el carnero, y ofrecióle en holocausto en lugar de su hijo. Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.
Y llamó el ángel de Jehová á Abraham segunda vez desde el cielo, Y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único; Bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está á la orilla del mar; y tu simiente poseerá las puertas de sus enemigos: En tu simiente serán benditas todas las gentes de la tierra, por cuanto obedeciste á mi voz. Y tornóse Abraham á sus mozos, y levantáronse y se fueron juntos á Beer-seba; y habitó Abraham en Beer-seba.
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