El Antiguo Testamento nos habla de un rey, quien una vez fue un pastor ordinario, pero luego fue elegido por Dios y se convirtió en el amado rey de los Israelitas.
Cuando David tenía sólo 14-15 años, cuidaba ovejas en los campos. Él era capaz de salvar el rebaño de los leones o cualquier otra bestia con sus propias manos, porque tenía a Jehová Dios como su refuerzo. Sus himnos que alababan a Jehová Dios siempre hacían eco a través de las montañas y campos. ¡La íntima relación entre él y Jehová Dios era envidiable!