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martes, 17 de septiembre de 2019

Testimonios Cristianos | Después de perder mi estatus…


Testimonios Cristianos | Después de perder mi estatus…
Cada vez que veía o escuchaba de alguien que había sido reemplazado y que se sentía deprimido, débil o malhumorado y que ya no quería continuar, entonces lo menospreciaba. Pensaba que no eran nada más que personas diferentes que tenían funciones diferentes dentro de la iglesia, que no había distinción entre alto o bajo, que todos éramos creaciones de Dios y que no había nada de qué sentirse deprimido. Así que ya fuera que estuviera cuidando a los nuevos creyentes o guiando a un distrito, nunca pensé que me enfocaba mucho en mi estatus, que yo era esa clase de persona. Nunca habría pensado en un millón de años que yo mostraría tal comportamiento vergonzoso cuando yo misma fui reemplazada…

viernes, 13 de septiembre de 2019

Testimonios Cristianos | La esencia de la venganza personal


Hace algún tiempo, tuvimos que mapear distritos dentro de nuestra área, y basados en nuestros principios para la selección de líderes, había un hermano que era un candidato relativamente adecuado. Me preparé para promoverlo a líder de distrito. Un día que estaba platicando con este hermano, mencionó que sentía que yo era arrogante en mi trabajo, muy intenso y que en una asamblea conmigo, no había mucho gozo… Cuando escuché esto, sentí que había sido menospreciado. Me sentí terrible; inmediatamente desarrollé una cierta opinión de este hermano y ya no planeé promoverlo a líder de distrito.

domingo, 8 de septiembre de 2019

Testimonios Cristianos | La importancia de la coordinación en el servicio


Testimonios Cristianos | La importancia de la coordinación en el servicio
Después de volver a cambiar la administración de la iglesia a su forma original, se estableció la asociación para cada nivel de líder en la casa de Dios. En el momento pensé que esto era un buen arreglo. Yo era de un calibre bajo y tenía mucho trabajo; realmente necesitaba una socia para que me ayudara a completar todos los tipos de trabajo en mi región.

jueves, 5 de septiembre de 2019

Testimonios Cristianos | Lo que hay detrás de las mentiras


Testimonios Cristianos | Lo que hay detrás de las mentiras
Cada vez que veía las palabras de Dios llamándonos a ser gente honesta y hablar con precisión, pensaba: “No tengo ningún problema con hablar con precisión. ¿No es sólo llamar al pan, pan, y al vino, vino y decir las cosas como son? ¿No es así de fácil? Lo que siempre me había molestado más en el mundo eran las personas que se adornaban cuando hablaban”. Debido a esto, me sentía superconfiada, pensando que no tenía ningún problema al respecto. Pero sólo por medio de la revelación de Dios descubrí que, sin entrar en la verdad ni cambiar el carácter de uno, uno no puede de ninguna manera hablar con precisión.
Una vez, vi que a XX le faltaba cuidado y consideración hacia el bienestar físico de otras personas, así que dije que no tenían compasión. Luego, sólo por la comunión entendí que nuestro verdadero amor de los unos por los otros se expresa principalmente en el apoyo y ayuda mutuas que traemos a nuestra entrada a la vida. En otra ocasión, cuando vi a XX gastando unos cuantos dólares más de la cuenta en el curso de su deber, dije que esta persona tenía una naturaleza que era muy codiciosa. Sólo después reconocí que hay una diferencia entre las personas que muestran un carácter poco corrupto y ser de esa clase de naturaleza. Después hubo otra ocasión cuando mi líder me preguntó acerca de la condición de una hermana. Debido a que tenía algunas ideas preconcebidas de esta hermana, aunque sabía entonces que debía hacer un reporte imparcial, sin embargo, no pude evitar hablar con severidad de la corrupción que ella había mostrado y no decir una palabra de sus puntos buenos. Cuando ocurrían desviaciones o defectos en mi propia obra, siempre reportaría la situación a los líderes muy en secreto, escondiendo la verdad de los hechos con el fin de proteger mi propio prestigio y estatus…
Ante tales circunstancias, me sentí completamente perpleja: ¿Por qué era que mi corazón estaba dispuesto a hablar la verdad, a hablar con precisión pero cuando abría mi boca nunca podía hablar de una manera objetiva ni precisa? Con esta pregunta, fui delante de Dios para orar y buscar la guía. Luego, leí esto en la comunicación del hombre: “¿Por qué las personas nunca pueden hablar con precisión? Hay tres razones primordiales: Una razón se debe a las suposiciones equivocadas de las personas. La manera en la que ven las cosas está mal por lo que también hablan sin precisión. La segunda razón es que su calibre es muy deficiente. Hacen las cosas sin cuidado, sin ninguna investigación práctica y les gusta escuchar rumores, con el resultado de que terminan agregando muchos embellecimientos. Hay otra razón, que es que las personas tienen malos caracteres. Usan una revoltura de intenciones personales cuando hablan y, con el fin de lograr sus propios objetivos, inventan mentiras para estafar a otros y distorsionar deliberadamente la verdad para engañar a las personas. Esta condición es hecha por el hombre y se debe resolver por la búsqueda de la verdad y por reconocer la propia naturaleza” (La comunión de los de arriba). Cuando vi estas palabras de repente vi la luz. Ahora vi que hablar con precisión no era tan fácil como había pensado. Hay muchos factores que pueden hacer que las personas no hablen con precisión, tales como los puntos de vista de las personas que son erróneamente presuntuosos, que no tienen verdad ni realidad o que tienen un carácter corrupto. En cuanto a mí, cuando veía que otros aparentaban hacer las cosas de una manera que no estaba de acuerdo con mis propios pensamientos, era muy veloz para juzgarlos sin tener compasión. Cuando veía a otros expresando un pequeño carácter corrupto, los definía como un cierto tipo de persona. Cuando tenía una opinión de otra persona y reportaba su situación, exageraría los hechos y agregaría embellecimientos. Al cumplir mi deber, por causa de mis propios intereses, estafaría a otros y engañaría a Dios… ¿Todas estas circunstancias y expresiones no fueron provocadas porque no había entrado en la verdad, porque mi punto de vista era erróneamente presuntuoso, porque no había habido ningún cambio en mi carácter? Sólo ahora entiendo: Sólo cuando uno entiende la verdad, entra en la verdad y cambia su carácter, puede reflejar de manera infalible los hechos objetivos y considerar cada cosa que le sucede de una manera equitativa y justa. Sin poseer la verdad, uno no puede llegar a comprender la esencia del problema y por lo tanto no puede hablar con precisión. Viviendo dentro de la carne corrupta, con un carácter que no ha cambiado y haciendo cosas para las propias intenciones y objetivos de uno, es aún menos probable que uno pueda hablar con precisión.
¡Oh Dios! ¡Doy gracias por Tu esclarecimiento y guía que me hicieron reconocer que estaba siendo tan ingenua y absurda para mantener la visión de que podía hablar con precisión dependiendo de mi propia naturalidad y dependiendo de mi propia perseverancia! Que pudiera jactarme de una manera tan arrogante, ignorante, expone aún más cómo no reconocía completamente qué tan profundo Satanás me había corrompido. A partir de hoy, quiero poner mucho más esfuerzo en buscar la verdad, no escatimar esfuerzos en buscar un cambio en mi carácter, practicar ver a las personas y a las cosas de acuerdo con las palabras de Dios, y luchar para pronto ser una persona honesta que hable con precisión y trabaje en serio.
De "Testimonios de experiencia del juicio de Cristo"
Te recomiendo leer: Cómo vencer la tentación

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Testimonios Cristianos | Los criterios de una persona verdaderamente buena


Testimonios Cristianos | Los criterios de una persona verdaderamente buena
Desde que era niña, siempre le di mucha importancia a la forma en la que las otras personas me veían y me evaluaban. Para que pudiera obtener la alabanza de los demás por todo lo que hacía, nunca discutía con nadie cuando surgía algo, para evitar destruir la buena imagen que las otras personas tenían de mí. Después de que hube aceptado la obra de Dios en los últimos días, continué de esta manera, defendiendo de todas las maneras posibles la buena imagen que los hermanos y hermanas tenían de mí. Previamente, cuando estaba a cargo de la obra, mi líder muchas veces decía que mi comportamiento era el de un “hombre sumiso” y no el de alguien que pone la verdad en práctica. Nunca lo tomé a pecho, sino que al contrario, si las otras personas pensaban de mí como una buena persona, entonces me sentía satisfecha.

sábado, 17 de agosto de 2019

Testimonios Cristianos | ¿Qué significa realmente aceptar la verdad?


Testimonios Cristianos | ¿Qué significa realmente aceptar la verdad?
En el pasado, cada vez que leía las palabras reveladas por Dios acerca de cómo las personas no aceptan la verdad, no creía que dichas palabras se aplicaran a mí. Disfrutaba de beber y comer la palabra de Dios y de comunicarla, y podía aceptar y reconocer que todo lo que Dios había dicho era verdad, independientemente de cuánto aguijoneaba mi corazón o no estaba de acuerdo con mis nociones. Es más, sin tener en cuenta cuántas imperfecciones señalarían mis hermanos y hermanas, yo podía reconocerlas y aceptarlas. No buscaba justificarme, así que pensaba que era una persona que aceptaba la verdad. Sólo las personas que eran particularmente arrogantes y presumidas y que tenían nociones propias acerca de la palabra de Dios, que no reconocían que la palabra de Dios es la verdad, eran quienes no podrían aceptar la verdad. Siempre pensé de este modo hasta que un día, cuando estaba escuchando “Sermones y comunión acerca de la entrada a la vida”, comprendí cabalmente qué significaba aceptar la verdad.
Dice así: “No basta con reconocer solamente que la palabra de Dios es la verdad, debes aceptarla en tu corazón y permitir que la verdad ocupe un lugar en tu corazón y ejerza su poder. Debe arraigarse en tu corazón y convertirse en tu vida. Esta es la verdadera expresión de la aceptación de la verdad. […] ¿Qué significa aceptarla en tu corazón? Tu corazón reconoce que esta oración es la verdad y que tiene un verdadero reconocimiento de la sustancia de la verdad. Luego debes aceptar por completo esta verdad y permitir que ocupe un lugar en tu corazón y que se arraigue allí. Posteriormente, debes vivir por esta verdad y ver las cosas de acuerdo a ella. Esto es aceptar la verdad. […] Comer y beber la palabra de Dios y reconocer que la palabra de Dios es la verdad no significa que una persona haya aceptado la verdad. En cambio, es reconocer profundamente la sustancia de la verdad en la palabra de Dios y aceptarla en tu corazón. Es negar por completo tus nociones acerca de Dios y tus falacias del pasado a las que te has aferrado con el objeto de aceptar la palabra de Dios como verdad y vivir de acuerdo a la palabra de Dios. Esto es aceptar verdaderamente la verdad” (‘Cómo saber que Cristo es la verdad, el camino y la vida’ en “Sermones y comunión acerca de la entrada a la vida II”). Cuando oí esto, mi corazón instantáneamente se paralizó. Entonces, eso no era lo que yo pensaba acerca de aceptar la verdad. Volví a escuchar cuidadosamente esas palabras y finalmente comprendí qué significaba aceptar la verdad. Poder reconocer verbalmente que la palabra de Dios es la verdad o poder aceptar las imperfecciones mencionadas por otras personas no era aceptar realmente la verdad tal como yo pensaba. Aceptar realmente la verdad significa no sólo reconocer que la palabra de Dios es la verdad, sino también reconocer la sustancia de la verdad y aceptarla por completo dentro de tu corazón. Es negar por completo tus nociones, tus puntos de vista y tus falacias anteriores. Es permitir que la verdad se arraigue en tu corazón y poder vivir por la verdad. Esto es aceptar realmente la verdad.
Después de haber comprendido todo esto, comencé a reflexionar sobre mí mismo: creo que soy una persona que acepta la verdad, pero, ¿he aceptado la palabra de Dios en mi corazón? ¿La verdad ejerce poder dentro de mi corazón? ¿He negado las nociones y las falacias del pasado que existían en mi corazón? Luego de analizarme cuidadosamente, me di cuenta de que no hice nada de eso. Por ejemplo: Dios reveló que no existe el verdadero amor entre los seres humanos, y que todos se aprovechan unos de los otros. Aunque reconocí verbalmente la verdad que pronunció Dios, siempre sentí en mi corazón que mi esposa, y mis padres sentíamos amor unos por los otros. Mis labios reconocieron la verdad de que Dios no perfecciona a la humanidad sobre la base de su estatus, sino respecto de que tienen o no la verdad. Pero mi corazón siguió aferrado a mis opiniones personales de que cuanto más elevado era mi estatus más me perfeccionaría Dios, que cuanto más elevado fuera mi estatus, más gente me admiraría. Pensé que Dios se deleitaría por mí. Por lo tanto, siempre me preocupé por obtener o por perder mi estatus, y es un tema que siempre me inquietó. Reconocí con mis labios que Dios dijo que los infortunios y los refinamientos, y que tratar y podar son el amor de Dios y que son lo más beneficioso para la vida del hombre. Pero no busqué comprender la sustancia de la verdad de estas palabras ni reconocer cómo ama Dios a la humanidad y cómo se manifiesta el amor de Dios, a tal punto que no estaba dispuesto a aceptar que Dios usara a las personas, los asuntos y las cosas que no estuvieran alineados con mis nociones para refinarme y tratar conmigo, incluso hasta el punto en que yo me quejara y refunfuñara por ello. Sabía que Dios les pedía a las personas que fueran honestas, y que esto era crucial, pero no enfaticé lo suficiente como para ponerlo en práctica o entrarlo. Seguía mintiendo con frecuencia y engañando para mi propia dignidad. Después de lo cual, no estaba dispuesto a expresar la verdad abiertamente. Al toparme con problemas que requerían una dificultad física mientras realizaba mis deberes, comenzaba a trabajar a la ligera y no podía dedicarme a mis deberes. Mi boca aceptaría aquello que Dios decía de buscar Su voluntad en todas las cosas y de actuar según los deseos de Dios, pero en la vida real cuando me enfrentaba a los problemas, hacía las cosas según mi preferencia y mi propia voluntad. Colocaba a Dios en el fondo de mi mente. Además, cuando otras personas señalaban mis imperfecciones, diciendo que era demasiado arrogante y que hacía las cosas como se me antojaban, mi corazón no aceptaba sus críticas. Pero temía que los demás dijeran que no aceptaba la verdad, entonces asentía y lo reconocía contra mi voluntad. Pero en realidad, no tomaba en cuenta esas críticas, por lo cual no he cambiado incluso hasta hoy día. Sigo siendo orgulloso y arrogante como Satanás… Hubo muchas cosas respecto de mí que demostraron que no aceptaba la verdad. Pero cuando vi que la palabra de Dios revela que todas las personas no aceptan la verdad, yo no acepté la palabra de Dios como verdad, y no intenté comprender la esencia de la palabra de Dios ni me examiné a mí mismo. En cambio, me imaginé que yo era una excepción a la palabra de Dios y me consideré que era alguien que había aceptado la verdad. ¿No fue esto acaso la expresión más obvia de no haber aceptado la verdad? En ese momento, me di cuenta de que era alguien que no aceptaba la verdad de ninguna manera. Mis así llamadas expresiones de aceptación de la verdad eran actos completamente externos. Era un disfraz falso que ni siquiera se parecía a la aceptación de la verdad. No me conocía a mí mismo, ¡realmente no me conocía a mí mismo! Luego de darme cuenta de esto, no pude evitar sentir miedo. Sabía que había creído en Dios todos estos años y sin embargo había vivido fuera de Sus palabras. Verdaderamente no había recibido el juicio y el castigo de Dios. Simplemente era un no creyente en mi corazón sin Dios y sin la verdad en mi vida. Si continuaba creyendo de este modo, la palabra de Dios nunca hubiera podido convertirse en mi vida. Nunca hubiera podido alejarme de la influencia de Satanás y ser salvo y volverme perfecto. Por el contrario, hubiera sido condenado por Dios y hubiera sido castigado por Él.
Alabado sea Dios por guiarme y permitirme comprender qué significa realmente aceptar la verdad; por permitirme ver que mi conocimiento y mis prácticas del pasado eran demasiado absurdos y no estaban alineados con la voluntad de Dios. Deseo comenzar de nuevo y concentrar mis esfuerzos en aceptar la sustancia de la verdad en mi corazón en todo lo que Dios ha dicho e implementarlo en mi práctica. Quiero poder vivir por la verdad, convertirme en una persona que realmente acepta la verdad.

jueves, 15 de agosto de 2019

Testimonios Cristianos | El mejor regalo que Dios me ha dado




Antes, muchas veces escuchaba a los hermanos y hermanas decir: “Todo lo que Dios hace es para mejor; es lo que la gente necesita”. Yo lo admitía y lo aceptaba, pero no tengo ningún conocimiento a través de mi experiencia. Posteriormente, fui entendiéndolo a través de un entorno que Dios creó para mí.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Finalmente he visto la manera de ser una persona verdadera


Xiaoli    Provincia de Henan
Desde que era pequeña, mi deseo de reputación siempre fue muy fuerte, y cuando interactuaba con la gente prestaba especial atención a mi propia imagen, a mi estatus a los ojos de otras personas y a su evaluación de mí. Así que siempre permitía a otras personas tener cualquier ventaja, cualquier beneficio, y simplemente enterraba las dificultades o los reclamos en mi corazón. Yo no expresaba esas cosas a nadie y, cuando otras personas tenían dificultades siempre pensaba en la manera de ayudarlas. Así que, a los ojos de mis padres, yo era una buena chica; era una verdadera delicia. A los ojos de mis vecinos y amigos, yo era cariñosa y generosa. Después de casarme, también me llevé muy bien con la familia de mi marido. Cuando mi cuñada y mi cuñado encontraron pareja y se casaron, yo correteaba como loca. Contribuí tanto con dinero como con esfuerzo, y compartí la carga con mis suegros. En poco tiempo, me había convertido en la buena nuera y en la buena hermana mayor. En realidad, en esos tiempos me sentía agotada todos los días y estaba extenuada hasta la médula porque siempre estaba pasando de puntillas para mantener mis relaciones con otras personas y cuidando de los sentimientos de los demás; solía vigilar sus expresiones y luego hablaba de acuerdo a ello. Tenía miedo de herir a alguien y de que se llevara una mala impresión de mí, y dañar mi propia reputación. Después de ganarme esta “buena reputación”, me sentía orgullosa en mi corazón y pensaba que el precio que había pagado había valido la pena. Sentía que era muy exitosa como ser humano. Yo pensaba con frecuencia: si algún día me encuentro en dificultades, mis amigos, mi familia y mis vecinos me echarán una mano y me ayudarán a salir de mis problemas. Pero justo cuando estaba disfrutando de mis “logros” como ser humano, un desastre surgió de la nada —y destruyó por completo mi fantasía y cambió mis percepciones—.

martes, 18 de septiembre de 2018

Testimonios Cristianos | Sólo el amor de Dios es real


Xiaodong    Provincia de Sichuan
Dios dijo: “La nación china que ha sido corrompida por miles de años ha continuado hasta el día de hoy. Todo tipo de virus continúan expandiéndose y se están esparciendo en todas partes como la plaga; sólo ver las relaciones de las personas es suficiente para ver cuántos virus están en las personas. Es extremadamente difícil para Dios desarrollar Su obra en un área tan herméticamente cerrada e infectada por los virus. Las personalidades de las personas, los hábitos, la manera en la que hacen las cosas, todo lo que expresan en sus vidas y sus relaciones interpersonales, todo está roto más allá de lo concebible […]” (‘La senda… (6)’ en “La Palabra manifestada en carne”). La revelación en las palabras de Dios me hizo ver la manera en que la corrupción de Satanás hace que las relaciones entre las personas no sean normales, porque todas están basadas en la filosofía de vida de Satanás, y no contienen ni siquiera una pizca de verdad. Sin la salvación de Dios, mis ojos todavía estarían tapados y mis emociones atrapadas, pero experimentar la obra Dios me hizo entender la esencia de lo que significa “ayudarnos el uno al otro” y me mostró la verdad de la amistad, del amor, del cariño familiar. Vi que sólo las palabras de Dios son la verdad, y que solamente viviendo por las palabras de Dios podríamos escapar de la influencia de Satanás, y que sólo comportándonos de acuerdo con la verdad podríamos tener una vida significativa.
Mis padres eran cristianos, y en ese tiempo, nuestra fe en Jesús nos dio mucha gracia. En especial en los negocios, Dios nos bendijo mucho en cuanto a las comodidades materiales. La mayoría de mis parientes no estaban en una posición tan acomodada como nuestra familia, y mis padres les proveían financiera y materialmente. Mis parientes tenían mucho respeto por mis padres, y, naturalmente, a mí me veían de la misma manera. Esa fue la clase de ambiente privilegiado en el que crecí. Pensaba que mis amigos y mis parientes eran maravillosos, y no importaba lo que la familia necesitara, ellos estarían dispuestos a ayudar.
En 1998, toda mi familia aceptó la obra del Dios Todopoderoso, y debido a nuestro deseo por obtener bendición y también debido a que era un campo difícil, dejamos nuestro negocio familiar. Algunos de nuestros amigos y parientes trataron de persuadirnos de no hacerlo y nos decían: “Es una pena que dejéis un negocio que os tomó tantos años construir”. Otras personas se burlaban de nosotros a nuestras espaladas y decían que habíamos ganado lo suficiente y que ya no necesitábamos nada más. Escuchar estas cosas nos entristecía, pero de todos modos decidimos dejar el negocio. Aunque había aceptado la obra de Dios Todopoderoso, todavía no entendía nada sobre la corrupción de la humanidad, y por ese motivo mi corazón seguía anhelando este mundo. Pasé días comiendo, bebiendo y yendo de juerga con mis mejores amigos y parientes, y como yo gastaba generosamente, tenía cada vez más amigos, y cada vez más reuniones con compañeros, fiestas, cumpleaños y bodas de amigos y compañeros, y no se podían realizar otros acontecimientos si no me invitaban, porque yo era demasiado “importante”. Aparte de eso, cada domingo tenía que recoger y dejar a mi novia, y a menudo salíamos juntos. En ese tiempo, aunque nunca había faltado a ninguna de mis tres reuniones semanales en la iglesia, seguía sin tener el más mínimo entendimiento sobre las palabras de Dios, mi corazón seguía vagando en el mundo, y mi creencia en Dios se sentía como un yugo de reglas. Pero Dios usó los ambientes para hacerme entender la verdad. Me mostró que las relaciones entre las personas están basadas solamente en el interés mutuo, y que no existe ningún sentimiento verdadero ni amor en ellas.
Después de que el negocio se cerró, mis padres repararon la casa y tuvieron que pagar mi educación y la de mi hermana, de tal manera que los ahorros de mi familia casi habían desaparecido en unos años, y debido a que mis ingresos dependían de mi familia, reduje mis propios gastos. Cada vez que podía, evitaba las reuniones y las bodas, grandes o pequeñas, y así mi círculo de amigos comenzó a reducirse, y, a los ojos de mis amigos, mi posición empezó a ser cada vez más y más baja. Como la fortuna de mis amigos más pobres y la de mis parientes mejoraba, tampoco se juntaban muchos con nosotros. Este período fue de refinamiento para mí porque sentía que no tenía ningún lugar en el corazón de otros. Especialmente mi novia, que se volvió más distante porque yo no gastaba dinero de la forma tan generosa como en el pasado, y, finalmente, me abandonó por otro en el 2001. Cuando lo supe, no pude aceptar que fuera cierto. No lo demostré por fuera, pero el saberlo fue como un cuchillo clavado en mi corazón. Yo le era leal, mis esfuerzos por ella eran sinceros, así que, ¿por qué recibí esa traición a cambio? Así terminó nuestra relación de cinco años. No sabía cómo perdonarla, así que lo único que pude hacer fue enterrar el dolor muy profundamente en mi corazón. Después de eso, odiaba que otras personas mencionaran el incidente. No podía entender cómo me podía haber pasado una cosa así. Entonces, un día, vi este pasaje de la palabra de Dios: “La mayoría de las personas viven en el inmundo lugar de Satanás, y sufren su burla; él les toma el pelo de una forma y de otra, hasta que están medio muertos, soportando todas las vicisitudes, todas las dificultades del mundo humano. Después de jugar con ellos, Satanás pone fin a su destino. Y así, ellos van pasando toda su vida en el aturdimiento de la confusión, sin disfrutar ni una vez de las buenas cosas que Dios ha preparado para ellos, sino dejándose perjudicar por Satanás y quedando destrozados. Hoy están tan debilitados y apáticos que no tienen inclinación alguna por hacer caso a la obra de Dios” (‘Obra y entrada (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”). La revelación en las palabras de Dios es un retrato real de la vida humana. Pensé en cómo había pasado mis días, ahogado en un mal de amores, viviendo en un mundo imaginario de “amor romántico”. Me encontraba inextricablemente atrapado, y no tenía ninguna idea de que estos eran trucos de Satanás para burlarse de las personas, trampas diseñadas para atrapar a la gente y hacerla vivir sin objetivos y sin la tendencia de darse cuenta de la obra de Dios. Aunque me llamaba a mí mismo un creyente en Dios, pasaba mis días preocupándome y trabajando duro por amistad y amor, y si las circunstancias no hubieran cambiado para mí, todavía creería en esas “promesas de amor eterno” y “amigos leales”, y nunca habría escapado de ello. Debido a la ruptura con mi novia, corté todas mis relaciones con mis compañeros; sin ese ambiente tan ruidoso podría aquietar mi corazón, y dedicarme a mi fe en Dios. En las reuniones, me comunicaba con mis hermanos y hermanas y, lentamente, mi corazón herido comenzó a sanar. Sentí el gozo que había perdido hacía tiempo, ya no estaba perdido ni vivía en dolor. Debido a que no había interrupciones del mundo exterior, pude calmar mi mente y enfocarme en las reuniones. Me interesé más y más por la fe en Dios, y desde ese momento comencé a cumplir con mis deberes.
Cuando mis parientes supieron que yo creía en Dios, la molestia que me provocaban no tenía fin. Pensaban que no tenía nada que hacer creyendo en Dios a tan temprana edad. Mi tía materna a menudo me pedía favores, mi tía paterna me pedía que hiciera negocios con ella, incluso mi madre adoptiva me presionaba para que me casara; me decía que ella cuidaría de mi hijo cuando naciera (porque ella no tenía hijos propios), y mi abuela lloraba y decía: “No tengo absolutamente ninguna objeción en contra de que tus padres crean en Dios, porque ellos trabajaron la mitad de su vida y dieron todo lo que tenían por vosotros, así que es tiempo de dejarlos descansar. Tú deberías enfocarte en comenzar una familia y una profesión”. Luego continuó describiendo cómo mi padre había crecido en la pobreza, cómo comenzó desde cero, cuánto había sufrido, cuán duro había trabajado, y decía que yo estaba en ese buen ambiente y que no tenía ideales. Su repentina “preocupación” por mí era muy halagadora. Yo estaba confundido, porque parecía que lo que todos ellos decían estaba bien, que todos querían lo mejor para mí, y como eran mis parientes más cercanos, desde luego, no me lastimarían. Si no había hecho nada cuando era joven, ¿qué me sucedería cuando fuera más viejo? Estaba viviendo en refinamiento, y aunque sabía que esta era una batalla espiritual, ya no tenía fuerzas para luchar. En una reunión, un líder me mostró este pasaje de la palabra de Dios: “Durante miles de años, el pueblo chino ha llevado una vida de esclavo, y esto ha restringido sus pensamientos, sus conceptos, su vida, su lenguaje, su conducta y sus acciones hasta el punto de quedar sin la más ligera libertad. Varios miles de años de historia han convertido a un pueblo vital, poseído por un espíritu, en algo parecido a cadáveres despojado del espíritu. Son muchos los que viven bajo el cuchillo de carnicero de Satanás […]. Por fuera, los seres humanos parecen ser ‘animales’ altamente evolucionados; en realidad, viven y residen con demonios inmundos. Sin nadie que los asista, viven dentro de la emboscada de Satanás, atrapados en sus lazos sin manera de escapar. En lugar de afirmar que se reúnen con sus seres queridos en casas acogedoras y viven una vida feliz y satisfactoria, se debería decir que moran en el Hades, tratan con demonios y se juntan con diablos” (‘Obra y entrada (5)’ en “La Palabra manifestada en carne”). A través de la revelación en la palabra de Dios y la comunicación con mis hermanos y hermanas, me di cuenta de que si bien, externamente, parecían ser mis parientes y que sus palabras estaban de acuerdo con las necesidades de mi carne, sus pensamientos, conceptos, vida, lenguaje, acciones y comportamiento estaban limitados debido a la corrupción de Satanás. Son personas no creyentes, todos sus puntos de vista y todo lo que hablan proviene de Satanás, y lo que persiguen son los deseos malignos de la carne, ninguno de los cuales está de acuerdo con la verdad, y como no tengo nada de la verdad ni discernimiento, tener mayor contacto con ellos sólo me degeneraría más. No ganaría nada de eso, ellos me podrían traer más perdición. En ese tiempo, tenía un poco de entendimiento acerca del dicho “todos los incrédulos son el diablo”, sobre lo que mis hermanos y hermanas hablaban a menudo, pero yo todavía no lo comprendía por completo. Más tarde, Dios proveyó las circunstancias que me mostraron la verdadera esencia de los lazos familiares.
Nuestra familia siempre había sido una familia anfitriona y, un día en el 2005, por un informe de un malhechor, mis padres y varias hermanas y hermanos fueron detenidos por el Gobierno del PCCh. Mi hermana biológica afortunadamente se salvó de ahogarse mientras escapaba, y sólo logró salvar su vida porque Dios la protegió. Mis padres y mis hermanas y hermanos en la casa de mi familia fueron detenidos y multados, y todos fueron torturados, y todos salieron lastimados. Cuando escuché la noticia, no pude controlar mis emociones. No tenía interés en cumplir con mis deberes. Pensé: “En un momento como este debería ir a mi casa sin importar nada. Mis padres me criaron, y ahora están en problemas, incluso si no puedo hacer nada, al menos debería estar allí para ver cómo están y consolarlos”. Así que tomé el tren y regresé directamente a la casa de mi tía paterna (que también cree en Dios) para ver a mis padres. En ese momento, vi que sus heridas no habían sanado, me sentí muy mal interiormente, y comencé a llorar. Sentí como si mis padres hubieran sido humillados. Eso fue cuando mis padres me contaron: Durante el escape del Gobierno del PCCh, mi hermana biológica saltó al río (sucedió en diciembre, después del anochecer). El agua le llegaba al cuello, la corriente del río era fuerte, encontraron plantas salvajes enredadas en las piernas de sus pantalones, los zapatos se le trabaron en el barro, y no sabía nadar, así que era un total misterio cómo había podido llegar al otro lado. Dios la debe haber protegido de forma milagrosa, sino el resultado que habríamos contemplado hubiera sido terrible (las profundas aguas y la fuerte corriente se habían llevado la vida de un hombre de unos 40 años hace unos días). Luego, mi hermana biológica se escondió en la casa de una hermana mayor que le dio ropa para cambiarse mientras lloraba y secaba la ropa de mi hermana cerca del fuego, y, en verdad, la cuidó muy bien. Unos días después, la hermana se enteró que esa casa ya no era un lugar seguro, así que mi hermana biológica fue a esconderse a la casa de mi tía materna. Salió durante el día para llevar una carta a nuestra iglesia e informar a nuestro líder sobre la situación de mi familia, pero al regresar, la hija más pequeña de mi tía materna le dijo: “Oye, prima, ¿por qué has regresado? Pensé que te habías ido. Ya hemos juntado la cama”. Mi hermana se dio cuenta de que mi tía tenía miedo de involucrarse y que no quería que se quedara allí, así que, llorando, se fue de allí y se arriesgó a que la detuvieran al volver a casa porque no tenía adonde ir. Después de que mis padres fueron liberados, cuando supieron que mi hermana casi se había ahogado y cómo mi tía materna la había echado, se enojaron mucho pero mi tía materna, contestó con un tono de que estaba convencida de que ella tenía la razón: “Está bien, tenemos miedo de involucrarnos. Vosotros hicisteis que os detengan. ¡Teníais una vida perfecta, pero teníais que ir y arruinarla, y ahora casi habéis terminado con alguien muerto!”. Nunca imaginé que mis parientes más cercanos, las personas más cercanas a mí en el pasado, en un tiempo en el que el Gobierno del PCCh detenía a mi familia y en que sus vidas estaban en peligro, en un tiempo en el que el consuelo se necesita más que nunca, pronunciarían palabras tan inhumanas o hicieran cosas tan crueles. Saber que eran capaces de hacerlo me puso muy triste. Ninguna de las personas que más habíamos ayudado en el pasado vino a ver cómo estábamos o a consolarnos. Aquellos que tenían la mejor relación con nosotros no sólo no hablaban a mis padres, sino que evitaban encontrarse con ellos. Algunas personas que solían asentirnos con una reverencia ahora nos daban la espalda y chismeaban. Sólo nuestros hermanos y hermanas venían a visitarnos y a hablar en las noches. Nunca creí que nuestra familia pudiese alcanzar una situación tan deplorable. Una vez más, estaba atrapado en el refinamiento, con pensamientos de traición a Dios que se formaban en mi corazón. Luego, después de recibir una revelación de Dios, experimenté lo que mis hermanos y hermanas habían comunicado: “Las relaciones entre las personas sólo se basan en el interés mutuo, la familia y los amigos simplemente se ayudan unos a otros, las relaciones se construyen sobre la base del uso mutuo”. También recordé la charla de mis padres sobre lo que ganaron de su experiencia al ser detenidos por el Gobierno del PCCh. Por ejemplo: cuando el malvado policía utilizó un látigo de cuero para golpear a mi padre, él dijo que no sintió tanto dolor, y que el cinturón se rompía en tres pedazos cuando lo golpeaba. Mi hermana dijo que no sintió nada de temor durante su experiencia y, aunque era diciembre, dijo que nunca sintió frío al salir del agua. Dios le dio fuerza y confianza extras. La detención del Gobierno del PCCh en realidad hizo que su fe esté más firme. Los hizo más fuertes. Mi padre dijo que él no había creído en las palabras de Dios en el pasado, y que era admirador del Gobierno del PCCh, pero este incidente le demostró que el Gobierno del PCCh consistía simplemente en una banda de matones, bandidos que se llevarían cualquier cosa de nuestra casa que tuviera valor y que arrestarían a creyentes en Dios respetuosos de la ley en lugar de detener a asesinos y pirómanos. Sentí vergüenza cuando entendí que todos vivimos bajo el liderazgo de Dios, que todo lo que experimentamos es parte de la soberanía y de los planes de Dios, que ninguna persona posee el poder para ayudar a otra, que el afecto familiar sólo nos apartará de Dios, y que las cosas en las que las personas pueden ayudarse sólo están conforme a la carne, no a la verdad. Pensamientos como “no quiero que la carne de mis padres sufra”, no sólo no beneficiarán sus vidas, sino que tampoco tienen ningún beneficio para su salvación. Sólo Dios sabe lo que el hombre necesita, y Dios es el que más ama al hombre. Vi un pasaje de la palabra de Dios que decía: “Desde que Él creó el mundo, Dios ha hecho mucha obra que implica la vitalidad de la vida, ha hecho mucha obra que le da vida al hombre y ha pagado un gran precio para que el hombre pueda alcanzar la vida, porque Dios mismo es la vida eterna y Dios mismo es el camino por el cual el hombre resucita. Dios nunca está ausente del corazón del hombre y vive entre los hombres todo el tiempo. Ha sido la fuerza que impulsa la vida del hombre, el fundamento de la existencia del hombre, y un rico depósito para la existencia del hombre después del nacimiento. Él hace que el hombre vuelva a nacer y le permite vivir con constancia en cada función de su vida. Gracias a Su poder y Su fuerza de vida inextinguible, el hombre ha vivido generación tras generación, a través de las cuales el poder de la vida de Dios ha sido el pilar de la existencia del hombre, y por el cual Dios ha pagado un precio que ningún hombre ordinario ha pagado alguna vez. La fuerza de vida de Dios puede prevalecer sobre cualquier poder; además, excede cualquier poder. Su vida es eterna, Su poder extraordinario, y Su fuerza de vida ningún ser creado o fuerza enemiga la puede aplastar fácilmente. La fuerza de vida de Dios existe e irradia Su reluciente resplandor, independientemente del tiempo o el lugar. La vida de Dios permanece inmutable para siempre a través de la agitación del cielo y la tierra. Todas las cosas pasan, pero la vida de Dios todavía permanece porque Dios es la fuente de la existencia de todas las cosas y la raíz de su existencia. La vida del hombre proviene de Dios, la existencia del cielo se debe a Dios, y la existencia de la tierra procede del poder de la vida de Dios. Ningún objeto que tenga vitalidad puede trascender la soberanía de Dios, y ninguna cosa que tenga vigor puede librarse del ámbito de la autoridad de Dios. De esta manera, independientemente de quiénes sean, todos se deben someter bajo el dominio de Dios, todos deben vivir bajo el mandato de Dios y nadie puede escapar de Su control” (‘Sólo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna’ en “La Palabra manifestada en carne”). A través de las palabras de Dios y de la realidad, experimenté lo extraordinario y la grandeza de la fuerza de la vida de Dios, que Él vive en medio del hombre todo el tiempo, guía a la humanidad y despliega Su poder en todo momento, y que cada persona vive en los planes por Dios. Al enfrentar la palabra de Dios, vi cuán pequeño que era yo y cuán insignificantes son los lazos familiares. ¿Qué podría haber hecho ante las dificultades que enfrentaba mi familia? ¿No era acaso Dios el que los protegía, los cuidaba, y los guiaba a través de las crisis? ¿Puede el amor del hombre por otra persona ser más grande que el amor de Dios por el hombre? Al mismo tiempo, las palabras de Dios me juzgaron: “¿Quién entre vosotros puede en verdad erogarse enteramente por Mí y ofrecer su todo por Mí? Todos sois tibios, tus pensamientos dan vueltas y vueltas, piensas en el hogar, en el mundo exterior, en la comida y en la ropa. A pesar de que estás delante de Mí haciendo cosas para Mí, en tu corazón sigues pensando en tu esposa, tus hijos y tus padres que están en casa; ¿son todos ellos de tu propiedad? ¿Por qué no los encomiendas a Mis manos? ¿No crees suficientemente en Mí? ¿O es que tienes miedo de que Yo haga disposiciones inapropiadas para ti? ¿Por qué siempre echas de menos tu hogar? ¡Y echas de menos a otras personas! ¿Ocupo Yo una determinada posición en tu corazón? Y tú sigues hablando de permitirme tener dominio sobre ti, y ocupar todo tu ser; ¡estas son todas mentiras engañosas! ¿Cuántos de vosotros estáis a favor de la iglesia con todo vuestro corazón? ¿Y quién de entre vosotros no piensa en sí mismo, sino que está a favor del reino de hoy? Piensa muy detenidamente en esto” (“Declaraciones y testimonios de Cristo en el principio”). Vi que aquello por lo que mi corazón se preocupaba seguía siendo mi familia, porque no tenía verdadera fe en Dios, todavía no podía confiarlos por completo en las manos de Dios; vi que no creía en la verdad y que, aunque cumplía con mis deberes en la casa de Dios, a menudo me preocupaba por mi familia, y no dejaba que Dios ocupara mi corazón. No podía respetar a Dios por sobre todo lo demás ni cumplir con mis deberes fielmente. Satanás me había engañado y afligido. De no haber sido por estas situaciones “desafortunadas” que me sucedieron, nunca hubiera visto las cosas claramente. Es como dice el himno de la palabra de Dios: “Cuando se trata del estado de la vida del hombre, el hombre aún tiene que encontrar la vida verdadera, porque todavía no ha visto toda la injusticia, la soledad y las miserables condiciones del mundo, y, por tanto, si no fuera por el advenimiento de un desastre, la mayoría de la gente todavía abrazaría a la Madre Naturaleza, y continuarían siendo seducidos por los placeres de la ‘vida’. ¿No es esta la realidad del mundo? ¿No es esta la voz de la salvación de la que Yo hablo al hombre? ¿Por qué entre la humanidad no ha habido nadie que me haya amado de verdad? ¿Por qué el hombre me ama únicamente en medio del castigo y las pruebas, pero nadie me ama bajo Mi protección?” (‘La humanidad no sabe la salvación de Dios’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). De no haber sido por lo que me revelaron estas circunstancias, nunca hubiera comprendido verdaderamente las relaciones entre las personas, y todavía estaría controlado por los lazos familiares, el amor, y la amistad, inextricablemente atrapado en la búsqueda de estas cosas, engañado y sufriendo por ellas, feliz en mi ignorancia; de no haber sido por el “desastre” que me aconteció, todavía estaría buscando tendencias mundanamente malvadas, incapaz de ver mi propia pequeñez; de no haber sido por el castigo y el juicio, nunca hubiera recibido la verdad, nunca hubiera tomado el camino correcto de la vida; fue la salvación de Dios la que me permitió no volver a probar el sabor de la “vida” otra vez. Cuando comprendí esto, decidí que creería en Dios incondicionalmente y buscaría la verdad para devolverle a Dios Su amor por mí.
En el 2007, cuando regresé a mi ciudad natal para llevar a cabo mis deberes, supe que un hermano que se había unido a la fe conmigo, como no podía ver a través de la oscuridad y la maldad de la sociedad, se había rendido a las tentaciones del mundo, había traicionado a Dios y había abandonado la familia de Dios. Sus padres y los hermanos y hermanas se comunicaron repetidas veces con él para convencerlo de que se quedara, pero volteó la cabeza obstinadamente y se negó a mirar hacia atrás, y optó en cambio por regresar al mundo. En poco tiempo, la trampa de estas tendencias mundanas se volvió más profunda. Él era un hombre apuesto y había ganado bastante dinero, así que comenzó a involucrarse con varias mujeres. Finalmente, fue asesinado y escuchamos que vendieron sus órganos. Sus padres nunca vieron su cuerpo. Sentí pena por él cuando escuché la historia, pero también vi el resultado trágico de buscar las tendencias mundanas, y vi aún más cómo Dios usó las ansias de mis padres para evitar que yo regresara al mundo, lo que me hizo experimentar el cuidado y la protección de Dios por mí, y lo que me hizo entender que tener dinero en este mundo es un camino cuesta abajo que termina en ruina. Dios dijo: “Pobre humanidad, ¿cómo podría saber que la tierra sobre la que fue criada es la tierra del diablo, que aquel que los crio es, en realidad, un enemigo que los hiere? Con todo, el hombre no despierta en absoluto. Una vez saciada su hambre y su sed, se prepara para devolver la ‘amabilidad’ de sus padres al criarlo. Así es el hombre. Hoy, todavía no sabe que el ‘rey’ que lo crio es su enemigo. La tierra está plagada de los huesos de los muertos, el diablo se alegra exageradamente sin cesar, y sigue devorando la carne del hombre en el ‘inframundo’, comparte una tumba con esqueletos humanos, e intenta en vano consumir a los últimos remanentes del cuerpo destrozado del hombre. Pero este sigue siempre ignorante, y nunca ha tratado al diablo como su enemigo, sino que le sirve con todo su corazón” (‘Obra y entrada (9)’ en “La Palabra manifestada en carne”). A través de las palabras de Dios vi la verdad, que es cómo Satanás corrompe a la humanidad, vi que su esencia maliciosa finalmente va a tragar al hombre, y que sin la salvación precisa de Dios, yo también hubiera sido tragado por esta tendencia mundanamente malvada y hubiera sido enterrado con ella. Una vez que entendí esto, ¡le ofrecí mi más sincero agradecimiento y alabanza a Dios! Fue la misericordia de Dios, Su gracia y protección lo que me ha traído a este día.
Ahora hace algunos años que realizo mis deberes en la familia de Dios, y en la familia de Dios experimenté Su amor. Sin importar dónde lleve a cabo mis deberes, Dios siempre está allí para cuidarme. Me llevo bien con mis hermanos y hermanas, como si fuéramos una familia, no nos usamos, y no hay intercambio de beneficios. Ellos son tan sinceros que hasta incluso si nuestra corrupción se hace evidente por momentos, abrimos nuestro corazón y comunicamos el entendimiento sobre nosotros mismos, no hay resentimiento ni cautela. Nos ayudamos unos a otros y nos ofrecemos amor, todos son vistos de la misma manera, y no se trata a nadie de forma diferente porque sean ricos o pobres. Yo tengo problemas de salud, y me enfermo a menudo, pero mis hermanas y hermanos son considerados y me cuidan mucho, lo que me hizo experimentar que aun sin lazos de sangre entre hermanos y hermanas, se puede ser más cercano que los parientes. Me llevo bien con mis hermanos y hermanas, y con la guía de Dios, todos buscamos la verdad y luchamos para realizar nuestros deberes.
Mis experiencias a lo largo de estos años también me ayudaron a entender gradualmente la voluntad de Dios, como así también a ver que la obra que Él ha hecho en mí es la obra de amor y salvación, las palabras expresadas por Dios son la verdad, pero sobre todo son las palabras que salvan nuestra vida. Estas verdades se han convertido en el mejor cuidado y protección de Dios para mí. Si me apartara de ellas o no mirara las cosas desde la base que esas palabras proveen, me arruinaría a mí mismo. Estaba profundamente corrompido por Satanás y era incapaz de comprender directamente el significado de las palabras de Dios, por eso Dios dispuso diferentes circunstancias, personas, problemas y cosas, diseñados para mis necesidades, para beneficiarme y perfeccionarme, para ayudarme a entender Sus palabras. En medio de mis dificultades y pruebas, sin saberlo, llegué a ver que estas palabras expresadas por Dios son la verdad, que son las cosas que la humanidad necesita. No sólo otorgan vida a la humanidad y le permiten llevar la vida de un hombre normal, sino que también nos indican el camino correcto de la vida, porque Dios es la verdad, el camino y la vida. Como dice la palabra de Dios: “No necesito que el hombre haga nada más que aceptar la realidad de Mi palabra y el significado original de Mi palabra. Aunque Mi palabra es simple, en esencia es compleja, ya que vosotros sois demasiado pequeños, y os habéis vuelto demasiado de insensibles. Cuando revelo Mis misterios directamente y hago transparente Mi voluntad en la carne, vosotros no hacéis caso; sólo escucháis el sonido, pero no comprendéis el significado. Me invade la tristeza. Aunque estoy en la carne, Yo no soy capaz de llevar a cabo la obra del ministerio de la carne” (‘La novena declaración’ de las declaraciones de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”). En las palabras de Dios vi la urgencia y la tristeza del corazón de Dios. Todas las palabras que Dios expresa son la verdad, pero la humanidad es demasiado pequeña en estatura y está demasiado adormecida, y por lo tanto, no presta atención a la voluntad de Dios, lo que llena a Dios de melancolía. Quiero consolar a Dios y cooperar con Él y, aunque hay mucha verdad que yo no entiendo, a través de mi continua búsqueda de la verdad y del cumplimiento de mis deberes, Dios me dará esclarecimiento e iluminación para poder entender Sus palabras. Todavía hay mucha corrupción en mí que debe ser purificada, y necesito experimentar mucho más de la obra de Dios, así como Su juicio, Su castigo, las dificultades y los refinamientos que me acompañan, pero las exigencias de Dios para el hombre no son altas. Sólo pide que yo acepte la realidad de Sus palabras.
En el pasado, cuando recién había comenzado a creer en Dios, no amaba ni atesoraba Sus palabras, pero las circunstancias que Dios dispuso para mí y los años de refinamiento me hicieron ver Sus palabras como tesoros, pero sin esas circunstancias nunca hubiera obtenido una verdadera comprensión de las palabras de Dios. ¡Rindo mi alabanza y agradezco a Dios! Fue Él quien me salvó, y fueron las palabras de vida de Dios las que me despertaron y me rescataron de una vida de engaño bajo la influencia de Satanás. En las palabras de Dios, pude ver el verdadero significado de la vida, etc.; pude ver que Dios siempre ha cuidado a la humanidad, y que siempre ha protegido y velado por la humanidad; pude entender que la humanidad no puede abandonar la provisión, el alimento, el riego y el apoyo de las palabras de Dios; que sólo Él es la verdad, el camino y la vida, y saber que no hay salvación sino a través de Él. Las palabras de Dios me trajeron al día de hoy, y quiero hacer de ellas mi lema, mi indicador en el camino a seguir, y una guía para mi conducta. ¡Oh, Dios! Tú me salvaste, Tus palabras me despertaron, me guardaron de ir por mal camino. Quiero seguirte toda mi vida a lo largo del camino y no dejarte nunca, y sin importar qué problemas o dificultades me pueda traer mi decisión, en cualquier situación, quiero seguir Tus pasos y acompañarte y consolarte, y te seguiré hasta el final del camino, ¡por siempre y para siempre!
Fuente del artículo: Iglesia de Dios Todopoderoso

jueves, 6 de septiembre de 2018

El amor de Dios estuvo conmigo en la prisión oscura del diablo

Yang Yi, provincia de Jiangsu
Soy una cristiana de la Iglesia de Dios Todopoderoso. He sido una seguidora de Dios Todopoderoso durante más de diez años. Durante este tiempo, una cosa que nunca olvidaré es la horrible tribulación experimentada cuando la Policía del PCC me arrestó hace una década. En aquel momento, a pesar de que demonios malvados me torturaron y pisotearon, y de que estuve cerca de la muerte en varias ocasiones, Dios Todopoderoso usó Su mano poderosa para guiarme y protegerme, para traerme de vuelta a la vida, y llevarme de nuevo a la seguridad… A través de esto, experimenté realmente la trascendencia y la grandeza del poder de la vida de Dios, y obtuve la valiosa riqueza de vida que Dios me confirió.
Era el 23 de enero de 2004 (el segundo día del Año Nuevo chino). Yo tenía que ir a visitar a una hermana de la iglesia que tenía problemas y necesitaba ayuda urgentemente. Vivía muy lejos, por lo que tuve que madrugar para tomar un taxi y estar de vuelta el mismo día. Salí de casa con la primera luz del día. Apenas había nadie en las calles, sólo los basureros recogiendo la basura. Busqué un taxi con impaciencia, pero no había ninguno. Fui a una parada a esperar, y me metí en la carretera con el fin de parar a uno que vi venir, pero resultó ser un vehículo de la Oficina de Protección Medioambiental. Me preguntaron por qué los había parado. “Lo siento, fue una equivocación, pensé que era un taxi”, les dije yo. “Pensamos que estabas pegando carteles ilegales”, contestaron. “¿Me visteis? ¿Dónde están los carteles que estaba pegando?”, dije. Sin darme la oportunidad de defenderme, los tres se abalanzaron sobre mí y me registraron el bolso a la fuerza. Revolvieron todo lo que había en él: una copia de un sermón, un bloc de notas, una cartera, un teléfono móvil y un buscapersonas desactivado, entre otras cosas. Después miraron con más detenimiento la copia del sermón y el bloc de notas. Al ver que no había carteles en mi bolso, sostuvieron en alto la copia del sermón y dijeron: “Puede que no hayas estado pegando carteles ilegales, pero crees en Dios Todopoderoso”. Seguidamente, llamaron a la División Religiosa de la Brigada de Seguridad Nacional. Poco después, llegaron cuatro personas de la Brigada de Seguridad Nacional. Supieron que yo era una creyente en Dios Todopoderoso tan pronto como vieron las cosas que había en mi bolso. Sin dejarme decir nada, me metieron en su vehículo y cerraron la puerta con llave para evitar que huyera.
Cuando llegamos a la Oficina de Seguridad Pública, la policía me llevó a una habitación. Uno de ellos empezó a toquetear mi buscapersonas y mi teléfono móvil en busca de pistas. Encendió el móvil, pero tenía poca batería, y después dijo que esta estaba completamente vacía. Por más que intentaba, no podía conseguir encenderlo. Sosteniendo el teléfono, parecía preocupado. Yo también estaba desconcertada —lo había cargado justo esa mañana—. ¿Cómo era posible que no tuviera batería? De repente fui consciente de que Dios había dispuesto esto milagrosamente para evitar que la policía encontrara información sobre los demás hermanos y hermanas. También entendí las palabras pronunciadas por Dios: “Cualquiera de todas las cosas, vivas o muertas, cambiarán, se moverán, se renovarán y desaparecerán de acuerdo con los pensamientos de Dios. Así es como Dios gobierna sobre todas las cosas” (‘Dios es la fuente de la vida del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”). Esto me dio un verdadero conocimiento de la soberanía de Dios y de Su disposición de todas las cosas, y fortaleció mi fe en la cooperación futura. Mientras señalaba hacia las cosas de mi bolso, el oficial de policía preguntó en tono acusador: “Estas cosas demuestran claramente que no eres una miembro corriente de la iglesia. Debes de ser alguien de la alta dirección, alguien importante. Porque los líderes de menor rango no tienen buscapersonas ni teléfonos móviles. ¿Estoy en lo correcto?”. “No entiendo lo que estáis diciendo”, contesté. “¡Estás fingiendo!”, gritó él, y después me ordenó que me pusiera en cuclillas para hablar. Al ver que yo no iba a colaborar, me rodearon y empezaron a darme puñetazos y patadas —lo suficiente como para matarme—. Con la cara ensangrentada e hinchada, con un dolor insoportable en el cuerpo, caí al suelo. Yo estaba indignada. Quería razonar con ellos, argumentar mi caso: ¿Qué he hecho mal? ¿Por qué me golpeasteis así? Pero no tuve forma de hablar con ellos con sensatez, porque el Gobierno del PCC no es nada sensato. Yo estaba perpleja, pero no quería ceder ante sus golpes. Justo cuando estaba confundida, de repente pensé en que, como estos oficiales malvados del Gobierno del PCC estaban siendo tan absurdos, como no me estaban dejando razonar, yo no necesitaba decirles nada. Era mejor que me mantuviera en silencio,de esa forma no les sería útil. Cuando pensé esto, dejé de prestar atención a lo que estaban diciendo.
Al ver que esta estrategia no surtía efecto en mí, los policías malvados se pusieron furiosos e incluso más salvajes: recurrieron a la tortura para sacarme una confesión. Me esposaron a una silla metálica atornillada al suelo en una posición en la que no podía estar en cuclillas ni de pie. Uno de ellos me puso la mano no esposada en la silla y la golpeó con un zapato, y sólo paró cuando el dorso de la mano se había puesto morado; otro me aplastó los dedos de los pies con su zapato de cuero. Sólo entonces experimenté que el dolor en los dedos se refleja directamente en el corazón. Después de eso, seis o siete policías hicieron turnos conmigo. Uno de ellos se concentró en mis articulaciones, y las apretó con tanta fuerza que un mes después seguía sin poder doblar el brazo. Otro me agarró del pelo y me sacudió la cabeza de lado a lado, después tiró de ella hacia atrás y me quedé mirando hacia arriba. “¡Mira al cielo a ver si hay un Dios!”, dijo vilmente. Siguieron hasta el anochecer. Al ver que no iban a conseguir nada de mí, y como era el Año Nuevo chino, me enviaron directamente al centro de detención.
Cuando llegué al centro de detención, un guardia ordenó a una presa que me quitara toda la ropa y la tirara a la basura. Después me hicieron ponerme un uniforme carcelario sucio y maloliente. Los guardias me pusieron en una celda y mintieron a las otras presas, diciendo: “Ella rompía especialmente la familia de las personas. Muchas familias se han visto destruidas por ella. Es una mentirosa, engaña a personas honestas y altera el orden público…”. “¿Por qué parece una mentecata?”, preguntó una de las presas. A lo que los guardias contestaron: “Está actuando para evitar una condena. ¿Quién de vosotras es tan lista? Quienquiera que piense que es una necia es la mayor idiota de todas”. ¡Engañadas así por los guardias, todas las demás presas dijeron que me estaban absolviendo con demasiada facilidad, y que la única cosa buena para alguien tan mala como yo era el pelotón de fusilamiento! Oír esto me enfureció, pero no había nada que yo pudiera hacer. Mis intentos de resistencia habían sido inútiles, sólo me trajeron más tortura y salvajismo. En el centro de detención, los guardias hacían que los presos recitaran las reglas cada día: “Confiesa tus crímenes y sométete a la ley. No se permite incitar a otros a cometer crímenes. No se permite formar bandas. No se permite pelear. No se permite acosar a otros. No se permite acusar a otros en falso. No se permite tomar la comida ni las posesiones de otros. No se permite engañar a los demás. Se deben tomar medidas contra los matones de la prisión. Cualquier violación de las normas debe informarse inmediatamente a los supervisores o los vigilantes. No debes encubrir los hechos ni intentar proteger a las presas que hayan violado el reglamento, y el control debería ser humano. […]”. En realidad, los guardias alentaban a las demás presas a atormentarme, y les permitían hacerme jugarretas cada día: cuando la temperatura era de 8 o 9 grados bajo cero, empapaban mis zapatos; echaban agua en mi comida a escondidas; por la noche, cuando yo dormía, empapaban mi chaqueta de algodón acolchado; me hacían dormir al lado de los aseos, me quitaban frecuentemente la colcha por la noche, me tiraban del pelo, para evitar que durmiera; me quitaban mis bollos al vapor; me obligaban a limpiar los aseos, me metían los residuos de su medicina en la boca, no me dejaban hacer mis necesidades… Si yo no hacía lo que ellas decían, se juntaban y me pegaban y a menudo en tales ocasiones los supervisores o los vigilantes se apresuraban a desaparecer o fingían no haber visto nada; a veces incluso se escondían a cierta distancia y observaban. Si pasaban algunos días sin que las presas me atormentaran, estos les preguntaban: “Esa perra estúpida se ha vuelto más lista estos últimos días, ¿verdad? Entretanto, vosotras ya no pensáis bien. Cualquiera que reanime a esa perra estúpida conseguirá un indulto”. El tormento brutal de los guardias me llenó de odio hacia ellos. Hoy, si no hubiera visto esto con mis propios ojos y no lo hubiera experimentado, nunca habría creído que el Gobierno del PCC, que se supone que está lleno de benevolencia y moralidad, podía ser tan oscuro, terrorífico y horrible, nunca habría visto su verdadero rostro, un rostro fraudulento y engañoso. Todo su discurso de “servir al pueblo, crear una sociedad civilizada y armoniosa” no son más que mentiras diseñadas para engañar y embaucar a la gente, un medio, un truco para embellecerse y obtener un prestigio que no merece. En ese momento, pensé en las palabras de Dios: “Poco sorprende, pues, que el Dios encarnado permanezca totalmente escondido: en una sociedad oscura como esta, donde los demonios son inmisericordes e inhumanos, ¿cómo podría el rey de los diablos, que mata a las personas en un abrir y cerrar de ojos, tolerar la existencia de un Dios hermoso, bondadoso y además santo? ¿Cómo podría aplaudir y vitorear Su llegada? ¡Esos lacayos! Devuelven odio por amabilidad, han desdeñado a Dios desde hace mucho tiempo, lo han maltratado, son en extremo salvajes, no tienen el más mínimo respeto por Dios, roban y saquean, han perdido toda conciencia, no tienen rastro de amabilidad, y tientan a los inocentes para que sean insensibles. ¿Antepasados de lo antiguo? ¿Amados líderes? ¡Todos ellos se oponen a Dios! ¡Su intromisión ha dejado todo lo que está bajo el cielo en un estado de oscuridad y caos! ¿Libertad religiosa? ¿Los derechos legítimos y los intereses de los ciudadanos? ¡Todos son trucos para tapar el pecado!” (“Obra y entrada (8)” en La Palabra manifestada en carne). Al comparar las palabras de Dios con la realidad, vi la esencia demoníaca oscura y malvada del Gobierno del PCC con perfecta claridad. Para mantener su dominio oscuro, mantiene un férreo control sobre las personas, y no se detiene ante nada para embaucarlas y engañarlas. Superficialmente, pretende proveer libertad religiosa, pero, en secreto, arresta, oprime, persigue y asesina a la gente que cree en Dios por todo el país. Incluso intenta dar muerte a todas ellas. ¡Cuán astuto, brutal y reaccionario es el diablo! ¿Dónde está la libertad? ¿Dónde están los derechos humanos? ¿No son todos trucos para engañar a las personas? ¿Pueden estas atisbar cualquier esperanza o luz bajo su oscuro dominio? ¿Cómo pueden ser libres para creer en Dios y buscar la verdad? Sólo entonces reconocí que Dios había permitido que esta persecución y tribulación me sobreviniera, que Él la había usado para mostrarme la perversidad y la brutalidad del Gobierno del PCC, su esencia demoníaca que se encuentra enemistada con la verdad y es hostil a Dios, y que la policía del pueblo, que el Gobierno promueve con vigor y pregona como ente que castiga el mal y que aboga por el bien y promueve la justicia, son los cómplices y secuaces que ha educado meticulosamente, una panda de verdugos que tienen rostro de hombres pero corazón de bestias, y que matarían en un abrir y cerrar de ojos. Para intentar prohibir y erradicar la obra de Dios, y obligarme a rechazar y traicionar a Dios y ceder ante su poder despótico, el Gobierno del PCC no se detuvo ante nada a la hora de torturarme y destrozarme, sin embargo, no podía imaginarse que cuanto más me torturaba, con más claridad veía yo su rostro diabólico, y más lo despreciaba y rechazaba en lo más profundo de mi corazón, lo que me hacía anhelar a Dios y confiar en Él verdaderamente. Más aun, fue precisamente a causa de la tortura de los guardias que llegué a entender sin saberlo lo que significa realmente amar lo que Dios ama, y odiar lo que Dios odia, dar la espalda a Satanás y volver el corazón a Dios, qué es ser salvaje, cuáles son las fuerzas de las tinieblas y, además, qué es ser malicioso e insidioso, así como falso y engañoso. Estaba agradecida a Dios por haberme permitido experimentar este entorno, distinguir lo bueno de lo malo y ver la senda de vida correcta que yo debería tomar. El amor de Dios había despertado finalmente a mi corazón, que Satanás había engañado durante tanto tiempo. Yo sentía que había un gran sentido en que yo tuviera la fortuna de experimentar esta tribulación y prueba, en que se me hubiera mostrado realmente un favor especial.
Después de intentarlo todo, la policía malvada ideó otro plan: encontraron una pastora de la Iglesia de las Tres Autonomías que sabía quién era yo para exponerme. Ella dijo que yo creía en Dios Todopoderoso y que una vez intenté difundirle el evangelio, pero que ella se había negado. Y también intentó que yo diera la espalda a Dios. Al ver a esta sierva malvada que había informado de muchos hermanos y hermanas que difundían el evangelio, y al oír todas las palabras impías que salían de su boca —palabras que vilipendiaban, difamaban a Dios y blasfemaban contra Él—, mi corazón se llenó de ira. Yo quería gritarle y preguntarle por qué era tan inconscientemente hostil a Dios. ¿Por qué había unido fuerzas con los diablos malignos para perseguir a los escogidos de Dios, si había disfrutado tanto de la gracia de Dios? En mi corazón, había una tristeza y un dolor indecibles. También sentí un gran remordimiento y endeudamiento; me odié a mí misma porque, en el pasado, no había intentado buscar la verdad y nunca había conocido otra cosa que el disfrute de la gracia y las bendiciones de Dios como un niño ingenuo, sin pensar en el dolor y la humillación que Dios había soportado por causa de nuestra salvación. ¡Sólo ahora, cuando estaba en lo profundo de esta guarida de demonios, sentía cuán duro fue para Dios obrar en este país inmundo y corrupto, y cuán grande fue el dolor que Él sufrió! Verdaderamente, el amor de Dios hacia el hombre lleva un gran dolor. Él lleva a cabo la obra de salvar a la humanidad mientras soporta la traición del hombre. Esta no le ha traído otra cosa que dolor y daño. No es de extrañar que Dios dijera una vez: “Incluso en el espacio de sólo una noche, pueden pasar de ser una persona sonriente, ‘de corazón bueno’, a un asesino de aspecto desagradable y feroz, y tratar repentinamente a su benefactor de ayer como su enemigo mortal, sin ton ni son” (“La obra de Dios y la práctica del hombre” en La Palabra manifestada en carne). Hoy, aunque yo hubiera caído en las garras del diablo, no traicionaría a Dios pasara lo que pasara. Independientemente de cuán grande fuera la dificultad que sufriera, yo no sería un Judas por salvar mi propio pellejo, no causaría dolor ni aflicción para Dios. Como consecuencia de que esta pastora de la comunidad religiosa me vendiera, la policía malvada intensificó su tortura. Aquella, entretanto, se quedó a un lado y dijo: “No distingues el bien del mal. ¡Mereces esto! No aprecias mi bondad. ¡Mereces ser torturada hasta la muerte!”. Oír estas crueles y malvadas palabras me indignó, pero también tuve una sensación inexplicable de tristeza. Quería llorar, pero sabía que no debía hacerlo. En mi corazón, oré en secreto: ¡Oh Dios! Quisiera que ganaras mi corazón. Aunque no puedo hacer nada por ti en este momento, deseo dar un testimonio victorioso de ti ante Satanás y esta persona impía, para avergonzarlos totalmente y traer consuelo a Tu corazón por medio de ello. ¡Oh Dios! Quisiera que protegieras mi corazón, y me hicieras más fuerte. Si tengo lágrimas, que fluyan por dentro, no puedo dejar que ellos las vean. Debería estar feliz porque entiendo la verdad, porque Tú has pulido mis ojos, me has dado la capacidad de diferenciar, y ver con claridad la naturaleza y la esencia de Satanás, que es oponerse a ti, traicionarte y destruir Tu obra. En medio del refinamiento, también he visto cómo Tu mano sabia lo dispone todo. Deseo seguir cooperando contigo, hasta que la victoria sea Tuya. Después de orar, mi corazón tuvo la fuerza para no descansar hasta haber completado mi testimonio de Dios. Sabía que Él me la había dado, que Él me había dado una gran protección y me había conmovido en gran manera. La policía malvada quiso usar a la persona impía para que yo traicionara a Dios, pero Él es un Dios sabio, y empleó a esta como contraejemplo para mostrarme la naturaleza rebelde de la humanidad corrupta, y estimular mi determinación y fe para satisfacerlo a Él. Aún más, tuve algún conocimiento de la sabia obra de Dios, vi que Él gobierna y maneja todo lo que hay en el servicio para perfeccionar al pueblo de Dios. Esta es la realidad invulnerable del uso de la sabiduría por parte de Dios para derrotar a Satanás.
Al ver que no iban a conseguir que yo dijera nada de lo que ellos querían que dijera, no escatimaron en gastos —ya sea en mano de obra o en recursos materiales o económicos— para ir por todas partes buscando pruebas de que yo era una creyente en Dios. Tres meses después, todos sus movimientos se habían quedado en nada. Al final, quemaron su último cartucho: encontraron a un interrogador experto. Se decía que todos los que habían sido llevados a él habían sido sometidos a sus tres formas de tortura, y que todos habían confesado. Un día, vinieron cuatro oficiales de policía y me dijeron: “Hoy, te llevamos a un nuevo hogar”. Después, me metieron a empujones en una camioneta de transporte de presos, me esposaron las manos por detrás de la espalda y me pusieron una capucha en la cabeza. La situación me hizo pensar que me estaban sacando para ejecutarme en secreto. En mi corazón, no pude evitar entrar en pánico. Pero después pensé en el  que solía cantar cuando creía en Jesús: “Desde los primeros tiempos de la iglesia, los que siguen al Señor han tenido que pagar un alto precio. Decenas de miles de allegados espirituales se han sacrificado por el evangelio, y han obtenido así la vida eterna. Martirio por el Señor, estoy preparado para morir como mártir por el Señor”. Ese día, entendí finalmente el himno: los que siguen al Señor deben pagar un alto precio. Yo también estaba preparada para morir por Dios. Para sorpresa mía, después de entrar en la camioneta, oí sin querer la conversación que mantenía la policía malvada. Parecía que me llevaban a otro lugar para interrogarme. ¡Ah! No me llevaban a ejecutarme, ¡y yo había estado preparándome para morir como mártir por Dios! Justo cuando estaba pensando esto, por alguna razón desconocida uno de los policías apretó las cuerdas de la capucha que me tapaba la cabeza. Poco después, empecé a sentirme incómoda, sentí como si me asfixiaran. Me preguntaba si realmente iban a torturarme hasta la muerte. En ese momento, pensé en cómo se habían sacrificado los discípulos de Jesús para difundir el evangelio. Yo no iba a ser una cobarde. Aunque muriera, no iba a rogarles que aflojaran las cuerdas, mucho menos admitiría la derrota. Pero no pude controlarme: me desmayé y caí sobre ellos. Al ver lo que estaba pasando, los policías aflojaron rápidamente la capucha. Empecé a echar espuma por la boca, y después no pude parar de vomitar. Sentía como si fuera a vomitar todas mis entrañas. Me sentía mareada, mi cabeza vacía, y no podía abrir los ojos. No tenía fuerza en ningún punto del cuerpo, como si estuviera paralizada. Sentía como si tuviera algo pegajoso en la boca que no podía sacar. Siempre había sido delicada, y después de que abusaran de mí de esta forma sentía que estaba en problemas, que podía dejar de respirar en cualquier momento. En medio del dolor, oré a Dios: “¡Oh Dios! Si deseas que yo te dé el testimonio de la muerte, me someto alegremente a ti, y uso alegremente la muerte para satisfacerte. Yo sé que los que mueren en el nombre de Dios no mueren, sino que duermen. Confío en que todo lo que Tú haces es justo, y quisiera que protegieras mi corazón, de forma que yo pueda adherirme a todo lo que Tú orquestas y dispones”. Algún tiempo después, la camioneta llegó a un hotel. En ese momento, todo mi cuerpo se sentía débil y yo no podía abrir los ojos. Me llevaron a una habitación sellada. Lo único que podía oír era el sonido de los muchos secuaces del Gobierno del PCC hablando de mí a mi alrededor, diciendo que verme era como ver cómo había estado Liu Hulan. ¡Qué revelador, qué impresionante! ¡Ella es incluso más dura de lo que era Liu Hulan! Al oír esto, el corazón se entusiasmó. ¡Vi que Dios Todopoderoso estaba abocado a ser victorioso, que Satanás estaba bajo Sus pies! Di gracias y alabé a Dios por darme fe y obediencia. En este momento, olvidé el dolor. Me sentí tremendamente satisfecha de estar glorificando a Dios.
Poco después, llegó el “experto en interrogatorios” del que había hablado la policía. Tan pronto como entró, gritó: “¿Dónde está esa perra estúpida? ¡Dejadme verla!”. Se puso delante de mí y me agarró. Después de abofetearme una docena de veces, me dio varios puñetazos fuertes en el pecho y la espalda, después se quitó uno de sus zapatos de cuero y me pegó en la cara con él. Después de que me golpeara así, perdí la sensación de que había algo que no podía sacarme de la boca o del estómago. El aturdimiento abandonó mi cabeza y pude abrir los ojos. Mis miembros recuperaron gradualmente la sensibilidad y mi cuerpo empezó a recobrar fuerzas. Seguidamente, él me agarró con dureza por los hombros y me empujó contra la pared, y me ordenó que lo mirara y respondiera sus preguntas. Ver que yo no le estaba prestando ninguna atención lo enfureció, e intentó hacerme reaccionar vilipendiando, difamando y blasfemando a Dios. Usó los medios más deleznables y despreciables para hostigarme, y dijo ominosamente: “Te estoy atormentando deliberadamente con lo que es insoportable para tu carne y alma, para que sufras un dolor que ninguna persona normal podría sufrir, vas a desear haber muerto. Al final, me rogarás que te deje ir, y entonces será cuando hablarás con sentido, y dirás que tu destino no está en las manos de Dios —está en las mías—. Si yo quiero que mueras, ocurrirá inmediatamente; si quiero que vivas, vivirás; y cualquiera que sea la dificultad que quiera que sufras, eso es lo que sufrirás. Tu Dios Todopoderoso no puede salvarte, sólo vivirás si nos ruegas que te salvemos”. Frente a estos matones despreciables, sinvergüenzas, deleznables, animales salvajes, y demonios malignos, yo quería luchar realmente contra ellos. En ese momento pensé en un himno de experiencia de vida: “Los cielos y la tierra y todo lo que hay en ellos fueron creados por Dios, y es natural y correcto que Él disfrute de ellos. El rey de los diablos los ocupa desvergonzadamente; Satanás es culpable del crimen más atroz; decenas de miles de allegados espirituales deben levantarse” (“Correr hacia la senda brillante” en Sigue al Cordero y canta nuevos cánticos). ¿Qué había hecho yo para levantarme? Al no decir nada para refutarlos, y simplemente dejar que me atormentaran como quisieran, ¿estaba siendo demasiado débil en esto? Mi corazón se llenó de furia. Sentí que no podía contenerla; quería gritar, luchar y proclamar lo siguiente: “¡Un humano nunca suplicaría misericordia de un perro!”. Yo creía que este era un sentido de la justicia, pero para mi sorpresa, cuanto más pensaba de esta manera, más oscuro se volvía mi interior. Me vi sin palabras de oración, incapaz de pensar en ningún himno. Mis pensamientos se nublaron, no sabía qué hacer, y en ese punto empecé a asustarme un poco. Me calmé rápidamente ante Dios. Reflexioné acerca de mí e intenté conocerme, y en ese momento las palabras de juicio de Dios vinieron a mí: “Lo que tú admiras no es la humildad de Cristo […] Tú no amas la belleza o la sabiduría de Cristo […]” (“¿Eres un verdadero creyente en Dios?” en La Palabra manifestada en carne). “¿Revelas Mi semejanza cuando sigues tus propios deseos? ¿Satisfará eso Mi corazón? ¿Eres alguien que ha seguido sinceramente Mis intenciones? ¿Eres alguien que ha tratado verdaderamente de entender Mi corazón? ¿Te has ofrecido realmente a Mí? ¿Realmente te has esforzado por Mí? ¿Has reflexionado sobre Mis palabras?” (Declaraciones y testimonios de Cristo en el principio). Cada palabra del juicio de Dios perforó mi corazón. Sí, yo había visto a Cristo demasiado pequeño, había admirado el poder y la influencia, no la humildad de Cristo, mucho menos la sabiduría de la obra oculta de Dios. Él usa Su sabiduría para derrotar a Satanás, usa Su humildad y ocultación para revelar el verdadero rostro de este, y para reunir evidencias para castigar a los impíos. Yo, entretanto, confiaba en filosofías satánicas para considerar la obra de Cristo, e intentaba siempre obtener un diente por un diente y un ojo por un ojo, y creía que ser bueno era que se aprovecharan de uno, que el caballo dispuesto recibe todas las cargas. ¿Por qué, cuando nos persiguen, deberíamos dejar que la policía malvada haga lo que quiera? ¿Es la suerte de quienes creen en Dios ser acosados, oprimidos y agraviados? Como consecuencia de mi naturaleza arrogante, yo no había estado dispuesta a soportar la humillación, mucho menos el acoso y la opresión. Esto había hecho que yo no prestara atención a la obra sabia de Cristo y que no apreciara Su humildad ni ocultación. En su lugar, creía que el sentido de la justicia, la fuerza del carácter y la dignidad residían en luchar contra ellos. Yo no sabía que Satanás deseaba incitarme a luchar contra ellos, obligarme a reconocer el hecho de mi creencia en Dios con el fin de condenarme. Si realmente luchaba contra ellos con una valentía impulsiva, ¿no habría caído yo presa de sus estratagemas engañosas? Yo estaba realmente agradecida a Dios por este castigo y juicio oportunos sobre mí, los cuales me protegieron en medio de mi rebeldía, de modo que pude conocer la intención de las estratagemas engañosas de Satanás, y reconocí su veneno en mi interior, y obtuve algo de conocimiento sobre lo que Dios es y Su esencia vital humilde y oculta. Pensé en cómo hizo frente Cristo a ser perseguido, cazado y matado por el diablo del PCC, y cómo toda la humanidad lo juzgó, condenó, difamó y abandonó. En todo momento, Él cargó con todo esto en silencio y soportó todo este dolor para llevar a cabo Su obra de salvación, sin luchar nunca, sin quejarse nunca. ¡Vi lo bondadoso, bello y honorable que es el carácter de Dios! Entretanto, yo —una persona inmunda, corrupta— había querido luchar cuando me persiguieron los demonios malvados, había querido usar mi valentía impulsiva para defender mi supuesta dignidad, para luchar por mi propia justicia basándome en mi propia voluntad. ¿Dónde estaba el sentido de la justicia en esto? ¿Dónde estaban la fuerza del carácter y la dignidad? Con esto, ¿no estaba yo mostrando mi desagradable rostro satánico? ¿No estaba revelando mi naturaleza arrogante? ¿Dónde había algo de verdad en esto? Al pensar esto, mi corazón se llenó de remordimientos. Me decidí a imitar a Cristo. Estaba dispuesta a someterme a este entorno e intentar hacer todo lo posible para cooperar con Dios, y no dar ninguna oportunidad a Satanás.
Mi corazón se calmó y esperé en silencio la siguiente ronda de esta batalla con demonios. Mi negativa a confesar había hecho perder mucho prestigio al supuesto experto. Me torció con furia uno de los brazos por detrás de la espalda y tiró del otro hacia detrás de mi hombro, después me esposó con fuerza las manos. En menos de media hora, grandes gotas de sudor caían por mi rostro, y me impedían abrir los ojos. Al ver que yo iba a seguir sin contestar sus preguntas, me tiró al suelo y después me levantó por las esposas que tenía por detrás de la espalda. Mis brazos gritaron inmediatamente de dolor, como si se hubieran roto. Me dolía tanto que apenas podía respirar. Después, me empujó contra la pared y me hizo estar de pie contra ella. El sudor me nublaba los ojos. Me dolía tanto que todo mi cuerpo estaba cubierto del mismo, incluso mis zapatos estaban empapados. Siempre había sido frágil, y en este momento me derrumbé. Lo único que podía hacer era jadear. El demonio estaba a un lado mirándome. No sé lo que vio, quizás tenía miedo de que lo culparan si yo moría; cogió rápidamente un puñado de pañuelos de papel para secarme el sudor y después me dio una taza de agua. Hizo esto cada menos de media hora. No sé cuál era mi aspecto en ese momento. Imagino que debía de ser bastante aterrador, porque yo sólo podía jadear con la boca abierta; parecía que había perdido la capacidad de respirar por la nariz. Mis labios estaban secos y agrietados y necesitaba toda la fuerza que tenía simplemente para respirar. Sentí una vez más que la muerte se me acercaba, quizás esta vez moriría realmente. Pero en ese momento, el Espíritu Santo me esclareció. Pensé en Lucas, uno de los discípulos de Jesús, y en su experiencia al ser colgado vivo. En mi corazón, recobré espontáneamente la fuerza y seguí diciendo lo mismo una y otra vez para recordármelo a mí misma: “Lucas murió al ser colgado vivo. Yo, también, debo ser Lucas, debo ser Lucas, ser Lucas… Dios refinará a las personas hasta poco antes de perder la vida; pero yo soy demasiado débil, soy incapaz de dar testimonio poco antes de perder la vida y ahora estoy llegando a ese punto. Aunque muera realmente, obedezco de buen grado las orquestaciones y disposiciones de Dios, deseo serle leal hasta la muerte como Lucas”. Justo cuando el dolor se volvió insoportable y yo estaba a punto de morir, de repente oí a uno de los policías malvados decir que varios hermanos y hermanas que creían en Dios Todopoderoso habían sido arrestados. Me consterné en mi corazón: van a torturar a más hermanos y hermanas. Serán especialmente duros con los hermanos. Mi corazón se llenó de preocupación. Seguí orando por ellos en silencio, y pedí a Dios que los guardara y les permitiera dar un testimonio victorioso ante Satanás y no traicionar nunca a Dios, porque no deseaba que ningún otro hermano o hermana sufriera como yo lo había hecho. Quizás estuviera tocada por el Espíritu Santo; oré sin cesar, y cuanto más oraba más inspirada estaba. Olvidé inconscientemente mi dolor. Sabía muy bien que estas eran las sabias disposiciones de Dios; Él era consciente de mi debilidad y me estaba guiando en mi momento más doloroso. Esa noche, ya no me importó cómo me trataba la policía, y no presté la más mínima atención a sus preguntas. Al ver lo que estaba aconteciendo, los malvados policías usaron los puños para golpear salvajemente mi rostro, después enrollaron el pelo de mi sien en sus dedos y tiraron de él. Mis orejas estaban hinchadas porque me las retorcieron, mi cara era irreconocible, la parte baja y alta de mis piernas quedaron magulladas y despellejadas cuando me pegaron con un trozo grueso de madera, y mis dedos también habían quedado amoratados tras ser aplastados con un trozo de madera. Después de colgarme por las esposas durante seis horas, cuando los malvados policías las abrieron, estas habían arrancado la carne por debajo de mi pulgar izquierdo, sólo me quedaba una fina capa antes del hueso. Las esposas también me habían dejado las muñecas cubiertas de ampollas amarillas, y no hubo manera de volver a ponérmelas de nuevo. En ese momento, entró una mujer oficial de policía de aspecto importante. Me miró de arriba abajo, y les dijo: “No podéis pegarle más a esta, está a punto de morir”.
La policía me encerró en una de las habitaciones del hotel. Las cortinas se mantenían bien cerradas veinticuatro horas al día. Pusieron a alguien de guardia en la puerta, y nadie del personal de servicio podía entrar, como tampoco nadie podía ver las escenas de sus torturas y ataques salvajes dentro. Hacían turnos para interrogarme sin respiro. No me dejaron dormir durante cinco días con sus noches, no me dejaban sentarme o estar en cuclillas ni comer mi ración de comida. Sólo me permitían estar de pie apoyada contra la pared. Un día, vino un oficial a interrogarme. Al ver que yo lo estaba ignorando, se enfureció y me mandó volando debajo de la mesa de una patada. Después, me sacó de un tirón y me dio un puñetazo, provocando que me saliera sangre de la comisura de los labios. Para encubrir su salvajismo, cerró rápidamente la puerta para que nadie entrara. Después cogió un puñado de pañuelos de papel y limpió la sangre, me quitó con agua la de la cara y limpió la del suelo. Yo dejé deliberadamente parte de la sangre en mi jersey blanco. Sin embargo, cuando volví al centro de detención, la policía malvada dijo a las otras presas que la sangre de mi ropa era de cuando me examinaron en el hospital mental, y que allí es donde yo había estado los últimos días. Las heridas y la sangre de mi cuerpo las habían provocado los pacientes; ellos, la policía, no me habían tocado… Estos hechos crueles me mostraron la crueldad, la astucia insidiosa y la falta de humanidad de la “policía del pueblo”, y sentí el desamparo y la desesperación de quienes caen en sus manos. Al mismo tiempo, obtuve un profundo aprecio de la justicia, santidad, luminosidad y bondad de Dios, y sentí que todo lo que viene de Él es amor, protección, esclarecimiento, provisión, consuelo y apoyo. Cada vez que mi dolor pasaba por su peor momento, Dios seguía esclareciéndome y guiándome, aumentando mi fe y mi fuerza, permitiéndome imitar el espíritu de los santos que habían sido martirizados por causa del Señor a lo largo de los siglos, dándome la valentía para mantenerme firme por la verdad. Cuando el salvajismo de la policía malvada me dejó a las puertas de la muerte, Dios me permitió oír las noticias del arresto de otros hermanos y hermanas, y lo usó para moverme más a orar por ellos, de forma que olvidé mi dolor y vencí sin saberlo los obstáculos de la muerte. Gracias al contrapunto del mal, el brutal Satanás, vi que sólo Dios es la verdad, el camino, y la vida, y que sólo Él es el símbolo de la autoridad más alta, de la justicia, y un símbolo al que ni las tinieblas ni fuerza hostil alguna pueden vencer. Sólo Dios lo gobierna todo, y lo dispone todo, y usa Su gran poder y sabiduría para guiar cada uno de mis pasos en la derrota del asedio de multitudes de demonios, en la victoria sobre la debilidad de la carne y los obstáculos de la muerte, permitiéndome sobrevivir tenazmente en esta oscura guarida. Cuando pensaba en el amor y la salvación de Dios, me sentía inspirada en gran manera, y me decidí a luchar contra Satanás hasta el final. Aunque me pudriera en la cárcel, me mantendría firme en mi testimonio y satisfaría a Dios.
Un día, muchos policías malvados que nunca había visto antes vinieron a verme y debatir mi caso. Sin quererlo, oí al supuesto experto decir: “De todos los interrogatorios que he llevado a cabo, nunca he sido tan duro con nadie como con esta perra estúpida. La tuve colgada por las esposas durante ocho horas (fueron realmente seis horas, pero él quería alardear, temeroso de que su superior le dijera que era un inútil) y siguió sin confesar”. Oí una voz femenina decir: “¿Cómo pudiste golpear a esa mujer con tanta maldad? Eres cruel”. Resultaba que, entre todos los arrestados, yo había sufrido más que nadie. ¿Por qué había sufrido tanto? ¿Era yo más corrupta que otras personas? ¿Era lo que yo había sufrido el castigo de Dios para mí? ¿Quizás había demasiada corrupción en mí, y yo ya había alcanzado el punto del castigo? Al pensar en esto, no pude contener las lágrimas. Sabía que no debía llorar. No podía dejar que Satanás viera mis lágrimas, si lo hacía, este creería que yo había sido derrotada. Pero yo no podía contener el sentimiento de agravio en mi corazón, y las lágrimas me salían sin control. En medio de mi desesperación, yo sólo podía clamar a Dios: “¡Oh Dios! En este momento, me siento profundamente agraviada. Sigo queriendo llorar. Por favor, protégeme, evita que yo incline la cabeza ante Satanás, no puedo dejar que él vea mis lágrimas. Sé que el estado en el que estoy es incorrecto. Estoy pidiéndote cosas, y quejándome. Y sé que hagas lo que hagas, es lo mejor, pero mi estatura es demasiado pequeña, mi carácter rebelde demasiado grande, y soy incapaz de aceptar alegremente este hecho, y tampoco sé qué debería hacer para salir de este estado incorrecto. Quisiera que me guiaras, y me permitieras obedecer Tus orquestaciones y disposiciones, y nunca más malinterpretarte o quejarme de ti”. Cuando oraba, un pasaje de las palabras de Dios flotaba en mi cabeza: “Tú también debes tomar de la copa amarga que Yo he bebido (esto es lo que Él le dijo después de la resurrección), tú también debes caminar el camino que Yo he caminado y debes dar tu vida por Mí” (‘Cómo llegó Pedro a conocer a Jesús’ en “La Palabra manifestada en carne”). Mis lágrimas se detuvieron inmediatamente. El sufrimiento de Cristo era incomparable al de cualquier ser creado y ningún ser creado podía soportarlo, mientras aquí estaba yo, sintiéndome agraviada y quejándome a Dios de que eso era injusto tras sufrir una pequeña dificultad. ¿Dónde estaban la conciencia y la razón en esto? ¿Cómo era yo apta para ser llamada humana? Después de eso, pensé en lo que Dios dijo: “La corrupción de la naturaleza humana debe resolverse por medio de pruebas. Debes ser refinado en aquellos aspectos en los que no das la talla, esta es la disposición de Dios. Él crea un entorno para ti y te obliga a ser refinado allí para que conozcas tu propia corrupción” (‘Cómo satisfacer a Dios en medio de pruebas’ en “Registro de las pláticas de Cristo”). Al meditar en las palabras de Dios y reflexionar sobre mí misma, entendí que lo dispuesto por Dios iba dirigido a mi corrupción y mis deficiencias y era precisamente lo que mi vida necesitaba. Como el Gobierno del PCC me había cegado y envenenado tan profundamente, mi corazón siempre había estado lleno de confianza y fiabilidad hacia él, y aunque yo había visto algunas de sus prácticas indebidas, eso no había cambiado mi opinión de él. Hoy, Dios había creado este entorno especial para mí, permitiéndome diferenciar entre Él y Satanás, para ser capaz de ver quién me salva y quién me corrompe, a quién debería adorar y a quién maldecir, y sólo a causa de esto vi la luz verdadera, y admiré al Dios verdadero, y llegué a conocer la diferencia entre la luz y la oscuridad. Si yo no hubiera sufrido una dificultad suficientemente abundante y severa, mi conocimiento y mis opiniones del Gobierno del PCC no habrían cambiado, ni tampoco, en mi corazón, lo hubiera yo abandonado realmente ni me hubiera vuelto verdaderamente a Dios. Esta dificultad era el amor de Dios por mí, era Su bendición especial para mí. Al haber entendido la voluntad de Dios, mi corazón se sintió de repente claro y despejado. Mi malinterpretación de Dios desapareció. ¡Sentí que había un gran valor y sentido en que yo fuera capaz de sufrir dificultad ese día!
Después de intentar todo lo que pudieron, los policías malvados no habían conseguido nada de mí. Al final, dijeron convencidos: “Los comunistas están hechos de acero, pero los que creen en Dios Todopoderoso son de diamante, están en un nivel superior que los comunistas en todos los aspectos”. Tras oír estas palabras, no pude evitar alegrarme y alabar a Dios: ¡Oh Dios, te doy gracias y te alabo! Con Tu omnipotencia y sabiduría has vencido a Satanás y derrotado a Tus enemigos. Eres la autoridad más alta, ¡que la gloria sea para ti! Sólo en este momento entendí: ¿Qué importa el Partido Comunista? ¿Y qué importan todos los regímenes políticos del mundo? Todas las cosas en el cielo y en la tierra deben someterse al dominio de Dios. No deben tener elección alguna, y eso por no decir nada del pequeño e insignificante Satanás el diablo, que no es sino un contrapunto.
Un día, los policías malvados vinieron para interrogarme una vez más. Esta vez, todos parecían un poco extraños. Me miraban cuando hablaban, pero no parecían estar hablándome a mí. Parecían estar discutiendo algo. Como en las ocasiones anteriores, este interrogatorio acabó en fracaso. Más tarde, la policía malvada me llevó de vuelta a mi celda. Por el camino, de repente los oí decir que parecía que me liberarían el primer día del mes siguiente. Al oír esto, mi corazón casi estalla de entusiasmo: ¡Esto significa que estaré fuera en tres días! ¡Puedo marcharme finalmente de este infierno demoníaco! Reprimí la alegría en mi corazón y esperé y aguardé que pasara cada segundo. Tres días parecieron tres años. ¡Finalmente, llegó el primer día del mes! Ese día, miraba hacia la puerta, esperando que alguien dijera mi nombre. Pasó la mañana, y no ocurrió nada. Puse todas mis esperanzas en marcharme por la tarde, pero cuando llegó la noche, siguió sin ocurrir nada. A la hora de la cena, no tenía ganas de comer. Tenía un sentimiento de derrota en mi corazón; en ese momento, era como si mi corazón hubiera caído del cielo al infierno. “¿Por qué no come?”, preguntó el guardia a las demás presas. “No ha comido mucho desde que volvió del interrogatorio aquel día”, respondió una de las presas. “Ponedle la mano en la frente; ¿está enferma?”, dijo el guardia. Una presa vino y lo hizo. Dijo que estaba ardiendo, que yo tenía fiebre. Y la tenía de verdad. La enfermedad había aparecido de forma muy repentina, y era muy grave. En ese momento, me desfallecí. En el transcurso de dos horas, la fiebre empeoró más y más. ¡Yo lloraba! Todos ellos, incluyendo el guardia, me veían llorar. Estaban todos perplejos: opinaban de mí que yo era alguien que nunca se dejó seducir por la zanahoria ni intimidar por el palo, que no había derramado una sola lágrima cada vez que hizo frente a una dolorosa tortura, a quien habían colgado por las esposas durante seis horas sin que soltara ni un gemido. Pero hoy, sin ninguna tortura, lloraba. Ellos no sabían de dónde venían mis lágrimas, simplemente pensaron que yo debía de estar muy enferma. En realidad, sólo Dios y yo sabíamos la razón. Todo esto se debía a mi rebeldía y desobediencia. Estas lágrimas fluían porque sentí desesperación cuando mis expectativas se habían quedado en nada y mis esperanzas se habían frustrado. Eran lágrimas de rebeldía y queja. En ese momento, ya no quería poner más mi determinación en dar testimonio de Dios. Ni siquiera tenía la valentía para ser puesta a prueba así de nuevo. Esa noche, lloré lágrimas de aflicción porque ya había tenido bastante de la vida en la cárcel, despreciaba a estos demonios y aún más que eso, odiaba estar en este lugar de demonios. No quería pasar ni un segundo más allí. Cuanto más pensaba en ello, más desanimada estaba, y más tenía un gran sentimiento de agravio, lástima, y soledad. Me sentía como si fuera una barca solitaria en el mar, que el agua podía tragarse en cualquier momento; además, sentía que los que estaban a mi alrededor eran tan insidiosos y espantosos que podrían descargar su ira sobre mí en cualquier momento. No podía parar de clamar: “¡Oh Dios! Te ruego que me salves. Estoy a punto de derrumbarme, podría traicionarte en cualquier momento y lugar. Quisiera que sostuvieras mi corazón y me permitieras volver ante ti una vez más, quisiera que te compadecieras de mí una vez más, y me permitieras aceptar Tus orquestaciones y disposiciones. Aunque yo no pueda entender lo que Tú estás haciendo ahora, sé que todo lo que haces es bueno, y deseo que me salves una vez más, y permitas que mi corazón se vuelva a ti”. Después de orar, dejé de sentir miedo. Empecé a tranquilizarme y reflexionar sobre mí misma, y en ese momento las palabras de juicio y la revelación de Dios vinieron a mí: “¿Quieres la carne o quieres la verdad? ¿Quieres el juicio o la comodidad? Habiendo experimentado tanto de la obra de Dios, y habiendo contemplado la santidad y la justicia de Dios, ¿cómo debes buscar? ¿Cómo debes caminar esta senda? ¿Cómo debes poner en práctica tu amor por Dios? ¿Han logrado el castigo y el juicio de Dios algún efecto en ti? ¡Sea que tengas un conocimiento del castigo y el juicio de Dios o no, depende de lo que vivas y hasta qué punto ames a Dios! Tus labios dicen que amas a Dios, pero lo que vives es el carácter antiguo y corrupto; no tienes temor de Dios, mucho menos tienes una conciencia. ¿Aman tales personas a Dios? ¿Son leales esas personas a Dios? […] ¿Podría ser Pedro alguien así? ¿Tienen los que son como Pedro sólo el conocimiento, pero no el vivir?” (‘Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y el juicio’ en “La Palabra manifestada en carne”). Cada una de las palabras de juicio de Dios era como una espada de doble filo que golpeaba mi talón de Aquiles, y amontonaba condenación sobre mí: sí, muchas fueron las ocasiones en las que hice juramentos solemnes ante Dios, diciendo que lo abandonaría todo y soportaría toda dificultad por causa de la verdad. Pero hoy, cuando Dios usó la realidad para pedirme algo, cuando necesitaba que yo sufriera realmente y pagara un precio con el fin de satisfacerlo, yo no había escogido la verdad o la vida, sino que me había dejado llevar ciegamente por la ansiedad, la angustia y la preocupación a causa de los intereses y planes de la carne. Ni siquiera tuve la menor fe en Él. Con esto, ¿cómo podía yo satisfacer la voluntad de Dios? Él quería que yo viviera para ser fructífera. No quería florituras, juramentos vacíos. Sin embargo, ante Él yo tenía conocimiento, pero no realidad, y hacia Él, no tenía lealtad ni amor sincero, mucho menos obediencia alguna; yo no vivía otra cosa que engaño, rebeldía y oposición. Con esto, ¿no era alguien que traicionaba a Dios? ¿No era alguien que quebrantaba Su corazón? En ese momento, pensé en cuando arrestaron al Señor Jesús y lo clavaron en la cruz. Uno detrás de otro, los que habían disfrutado frecuentemente de Sus gracias lo abandonaron. En mi corazón, no pude evitar que los remordimientos me vencieran. Odiaba mi rebeldía, mi falta de humanidad, quería estar firme una vez más, usar acciones reales para hacer realidad mis promesas a Dios. Aunque me pudriera en la cárcel, nunca más heriría el corazón de Dios. Nunca más podría traicionar el precio de sangre que Él había pagado en mí. Dejé de llorar, y en mi corazón oré a Dios en silencio: Oh Dios, gracias por esclarecerme y guiarme, por permitirme entender Tu voluntad. Veo que mi estatura es muy pequeña, y que no tengo el menor amor y obediencia hacia ti. Oh Dios, justo ahora deseo entregarme completamente a ti. Aunque pasara toda mi vida en la cárcel, nunca haría concesiones a Satanás. Sólo deseo usar mis acciones reales para satisfacerte.
Después de un tiempo, hubo más rumores de que me iban a liberar. Dijeron que sólo sería cuestión de días. A causa de la lección que había aprendido la última vez, en esta ocasión fui en cierto modo racional y mantuve la cabeza fría. Aunque me sentía muy entusiasmada, deseaba orar y buscar ante Dios, para no contar nunca más con mis propias opciones. Sólo pedía a Dios que me protegiera para poder obedecer todas Sus orquestaciones y disposiciones. Algunos días más tarde, los rumores habían vuelto a quedarse en nada. Aún más, oí al guardia decir que aunque yo muriera en la cárcel, no me dejarían irme, porque yo no les diría mi dirección ni mi nombre, así que estaría encarcelada para siempre. Oír esto fui realmente dura, pero yo sabía que este era el dolor que debía sufrir. Dios quería que yo diera este testimonio de Él, y estaba dispuesta a obedecerlo, e atender a Su voluntad, y yo confiaba en que todos los asuntos y todas las cosas están en Sus manos. Esta era la gracia especial de Dios y Su elevación de mí. Antes, aunque había dicho que me pudriría en la cárcel, esas eran sólo mis aspiraciones y deseos, yo no tenía esta realidad. Hoy, estaba dispuesta a dar este testimonio a través de mi vivir práctico y permitir que Dios encontrara consuelo en mí. Cuando yo estaba llena de odio hacia Satanás y me decidí a luchar contra él hasta el final, a dar realmente un testimonio genuino de pudrirme en la cárcel, vi la omnipotencia y los hechos milagrosos de Dios. El 6 de diciembre de 2005, la camioneta de la cárcel me recogió del centro de detención y me dejó al lado de la carretera. Desde ese momento, terminó mi vida de dos años en la cárcel.
Después de experimentar esta horrible tribulación, aunque mi carne había soportado alguna dificultad, yo había ganado cien, incluso mil veces más: no sólo había desarrollado perspectiva y diferenciación, y había visto realmente que el Gobierno del PCC es la personificación de Satanás el diablo, una banda de asesinos que mataría personas en un abrir y cerrar de ojos, sino que también había llegado a entender la omnipotencia y la sabiduría de Dios, así como Su justicia y santidad, había llegado a apreciar los buenos propósitos de Dios al salvarme, así como Su cuidado y protección hacia mí, permitiéndome, durante el salvajismo de Satanás, vencer a este paso a paso, y mantenerme firme en mi testimonio. Desde ese día en adelante, deseé dar todo mi ser completamente a Dios. Yo lo seguiría fielmente, para poder ser ganada antes por Él.